Coctelera

Mi caro Magino,  ¿se fijó usted que tronaron las fuerzas del Averno? Y no era para menos. Desde una pequeña república bananera se ha desafiado el poder del imperio y eso es algo intolerable para el autoerigido policía mundial. ¿Cómo osa un grupo de jueces de la Suprema Corte de Justicia negar la extradición de un ciudadano acusado de homicidio en el Norte bravío y abusador? ¿Cómo se atreven magistrados de una nación caribeña a desafiar una orden imperial, sin ser esos magistrados pertenecientes a la Cuba de nuestros amores? El gobierno del país que no aprendió la lección de Vietnam tenía que responder a quien pasaba por alto sus instrucciones. Y así lo hizo, en la forma altanera que suele emplear cuando entiende que se dirige a una sociedad débil y empobrecida, olvidando que hace poco más de cuarenta años esa sociedad supo defenderse, con un coraje de leyenda, de los brutales ataques perpetrados por la mayor fuerza militar del planeta, protectora de los cercenadores de las libertades fundamentales del ser humano…

Otra vez,  sin embargo, la entereza moral de quienes defienden la soberanía nacional se impuso. Y los que irrespetan gobiernos e instituciones extranjeras se encontraron, de frente, con un grupo de jueces de la Suprema Corte de Justicia, hombres y mujeres, que no solo supieron defender su derecho a actuar con entera libertad, sino que también conocen al dedillo la historia de la judicatura. Esos jueces, hombres y mujeres sin tachas, consideraron que era su deber rechazar la extradición de un ciudadano dominicano y procedieron de acuerdo a los dictados de la ley. Como el solicitante de la extradición, Estados Unidos de América, invoca un tratado existente con la República Dominicana, a nuestros magistrados no les quedó más remedio que recordar al soberbio peticionario que nada menos que veintitrés dominicanos han sido extraditados a Norteamérica, acusados de la comisión de distintos delitos. Y los jueces quisqueyanos, entonces, afirman que en más de un siglo de duración del tratado, Estados Unidos no ha extraditado a un solo estadounidense, pues el país que vio nacer a Teddy Rooselvet y a don Alfonso Capone no entrega a sus nacionales. Los jueces de la Suprema Corte de Justicia que han sabido, con dignidad, enfrentarse a los poderosos que se consideran dueños del mundo, nos demuestran que existen hombres y mujeres que siguen el credo duartiano y que jamás permitirán que tse hunda la isla…

Revocar  el mandato presidencial por virtud de una disposición constitucional no es más que una invitación al golpe de Estado que se definiría como legal. ¿Quién ha dicho que en un país de conspiradores se puede, constitucionalmente, derrocar al jefe del Estado? Mire,  déjese de trastadas y mitigue el hambre de mucha gente.