Coctelera

“¿Qué una gallina  puso huevos de color verde? Eso no es difícil de lograr. Inyéctele al animalito una ampolla de clorofila en el pichirrí”. Farmacia Mella…

Caro Magino,  la Federación Dominicana de Comerciantes (FDC) se queja de que las exportaciones hacia Haití confrontan lo que califican de “problemas”. El señor Domingo Fermín, presidente de la FDC, ha dicho que los impuestos que cobran las aduanas a las mercancías procedentes de la República Dominicana se han multiplicado por quince o más en relación con los tributos que se facturaban hace unos días.

Fermín  cree que los haitianos tratan de sacar a los dominicanos de la mayor parte de los negocios de exportación que tienen desde hace unos diez años. El comerciante quisqueyano afirma que autoridades haitianas, que no identifica, han “ofrecido” el Norte para que dirijan las exportaciones dominicanas, ya que el resto de Haití se reservará a los importadores haitianos. Mire, caro Magino, esta es una situación bastante enojosa y no descarto que, en cierta forma, constituya una provocación de los vecinos.

Es evidente  que los impuestos fijados por las aduanas haitianas son elevados, elevadísimos, pero eso es potestativo de los compatriotas de Tití Aristide. Vamos a citar algunos ejemplos del crecimiento impositivo haitiano para las exportaciones criollas. Las pastas alimenticias eran gravadas con US$3,330 y ahora deben pagar US$27,000 por contenedor, calculando seis gourdes por cada dólar. Las pinturas pagaban 2,500 dólares por contenedor y la cifra se eleva a 29,700 dólares. Por un contenedor de ron se cobraba 5,000 dólares y ese monto sube ahora a 59,300 dólares. Los tres ejemplos citados son más que suficientes. Ahora bien, mi queridísimo Magino, no se puede negar a los haitianos el derecho que les asiste, digamos, para usar medidas proteccionistas con sus cosuanitas.

Los vecinos  tienen una pequeña industria de pinturas, pero no puede competir, en ese renglón, con los dominicanos. Haití produce un ron de bien ganado prestigio y a lo mejor castiga a los exportadores dominicanos para “proteger” a los suyos. Y ahora viene lo más bonito del asunto: entre República Dominicana y Haití no existe tratado comercial alguno. Y aún cuando las exportaciones nuestras envuelven sumas respetables, parece que la única regla de juego existente es aquella “de lo que coja mi bon”. El comercio entre los dos países necesita organizarse con reglas de juego claras y que se respeten. No se puede perder tiempo y mucho menos perder un mercado. ¿O es qué vamos a dar ventaja a los haitianos también en el comercio?