Coctelera

“¿No sería posible  que  choferes afiliados a Fenatrano pudieran conducir el Metro de Santo Domingo?”. Farmacia Mella…

El presidente  Leonel Fernández pidió que las elecciones del próximo 16 de mayo fueran observadas por la OEA, el Centro Carter, el Instituto Nacional Demócrata y el Departamento Electoral de las Naciones Unidas. ¿Y Agripino, no será observador? ¡Qué ingratos somos los dominicanos!…

Radio Bemba  transmitió un breve boletín en el cual informa que un grupo de diez empresarios dominicanos se reúnen, cada jueves, con el ingeniero Miguel Vargas Maldonado, candidato presidencial del PRD. Los hombres de negocios y el MVP pasarían revista a los acontecimientos económicos de la semana…

¿Cómo es  la cosa Magino? Mientras más fábricas de cemento se instalan, más caro  el producto. Ahora mismo hay que cantearse hasta con 230 molongos por una funda. Por cierto, ¿y en que está lo de la ley antidumping?…

En las efemérides  de HOY, 6 de febrero de  2008, leo que se conmemoraba un aniversario más de que una estudiante negra rompía la barrera racial en la universidad de Alabama, hecho ocurrido en 1956. Eso me recordó  una vainita de la cual olvidé la fecha. Eso sí, era domingo en  la tarde. El dictador Rafael L. Trujillo se encontraba en su palco del hipódromo Perla Antillana, cuando se le acercó el canciller Porfirio Herrera Báez y le informó que el presidente Dwight D. Eisenhower había ordenado que el Regimiento 105 de Paracaidistas se trasladara a Little Rock para garantizar la integración racial en las escuelas. Trujillo se paró  y comenzó a despotricar contra los racistas norteamericanos. Violento como era su temperamento, el dictador dijo que tenía deseos de enviar un negro a Washington. Entonces quedó mirando, fijamente, a un periodista de color negro y alma blanca, Arturo Industrioso, quien cubría para El Caribe las actividades hípicas. Trujillo, subiendo el tono de su voz aflautada para que el discreto periodista le oyera, le dijo al canciller Herrera Báez que llamara “a consultas” al embajador dominicano ante la Casa Blanca pero que antes se designara a Industrioso como primer secretario de la misión y que al salir el jefe de ésta, convirtiera al reportero en Encargado de Negocios. Pero ahí quedó todo. Al día siguiente, el canciller Herrera Báez explicó al dictador que al país no le convenía, en esos momentos, tener a su embajador fuera de Estados Unidos y que enemigos del régimen, con influencia en el Congreso y en la misma Casa Blanca, podían interpretar el movimiento como una burla. Trujillo, que de bobo no tenía un  pelo, hizo caso a su canciller.  Eso evitó que un hombre bueno  como Industrioso se viera envuelto en situaciones enojosas.