Coctelera

En un país  que, como el nuestro, se importan todos los derivados del petróleo que consume, no deja de ser tremenda canana el desligarse de las “jode” que distribuyen la energía eléctrica, dos de ellas del Estado en su totalidad. No hay duda alguna de que separarse de las distribuidoras oficiales –y no me digan que eso es contrario a las leyes– es producto de la desesperación que invade a quienes con grandes sacrificios han levantado sus negocios y no pueden ver, con los brazos cruzados, que éstos se vayan a la quiebra. Los empresarios que dicen adiós a la CDEEE están contentos en que sus gastos de energía se duplicarán pero cuanto menos no se verán obligados a soportar una quiebra inminente. La distribuidora, por ejemplo, sirve dos horas de energía, cada 24 horas, a una industria que se dedica a la fabricación de muebles. ¿Qué ha tenido que hacer el dueño de la industria citada? Primero, adquirir dos “plantas propias”, con un total de 125,000 kilovatios de producción, por las cuales tuvo que pagar 1.4 millones de pesos. ¿Cómo puede ser competitiva la industria dominicana –la grande, la mediana y la pequeña– si un renglón tan importante como el del suministro de electricidad tiene que procurárselo por sus propios medios? Hay casos, por ejemplo de facturaciones mensuales por siete mil pesos a hogares donde solo residen dos personas y que llevan una vida completamente normal, sin ofrecer servicios adicionales, ¿Cree usted posible que con esos costos reales por concepto de la energía eléctrica se puede competir con naciones como las centroamericanas, que se prepararon para rompernos la siquitrilla cuando comenzara a regir el TLC?…

Independientemente  de esas muy graves dificultades que se ofrecen al consumidor, parece que han sido no santas las empleadas para contratar a los suministradores de la CDEEE. A estas alturas del juego, por ejemplo, no hay quien se atreva a defender la negociación de Cogentrix, una suministradora que no suministra y a la cual hay que pagarle en dólares. ¿O qué me dice de la contratación de Smith and Enron, que reclama el pago de la capacidad instalada no de la servida? ¿Hubo algo con una empresa llamada Hydro Québec, que exigió un régimen de fideicomiso y jamás sirvió un galón de combustible? ¿O a Ede-Este, que nos tiene ante tribunales, habiendo vendido acciones sin conocimiento dominicano como lo mandan las leyes? Lo lamentable de todo esto, caro Magino, es que no haya preso alguno entre todos estos piratas energéticos. Como debería haberlos entre “los consumidores-saqueadores” a quienes los gobiernos temen enviarlos “tras las rejas”.