Coctelera

Ya lo decía, mi querido Magino, que en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) no iban a jugar con blandito a la hora de luchar por escoger el candidato presidencial para 2012. Lo más lógico es que Miguel Vargas Maldonado, después de su brillante actuación como aspirante al poder en 2008, se convirtiera en un líder perredeísta y él mismo sobrestimara sus fuerzas.

Vargas Maldonado, aparentemente, sería como la nueva estrella blanca y en la misma noche que aceptó su derrota, dio a entender que estaba listo para ir en busca de una nueva candidatura en el 2012. Y a eso lo ayudaba un Hipólito Mejía que había sido aplazado al buscar la reelección. Ese Hipólito Mejía se mostró como mucha gente en su partido lo quería, como un jefe de Estado saliente, callado, juicioso, sensato. La pista se le dejó a Vargas Maldonado por un tiempecito…

Pasado  unos meses, se dio la primera señal en firme de que las golondrinas de Bécquer no volverán, cuando el vocero político de Mejía dio a entender que su jefe estaba listo para terciar por la ñoña en el 2012. Vinieron las críticas dentro de su partido, especialmente del presidente de la agrupación, ingeniero Ramón Alburquerque, a quien siempre se le han atribuido ambiciones presidenciales y con muy legítimo derecho. Mejía no hizo mucho caso a las críticas.

Recorrió el país como si estuviese en una campaña electoral y lo hizo atornillando sus fuentes de poder, que son muchas a nivel grupal y las a nivel individual, que son más todavía. Lo que vendría a dominar el escenario político no se hizo esperar: Vargas Maldonado, que jamás se detuvo en recorrer el país anunció con sus vicepresidentes que las favorecen, que buscará la presidencia partidaria perredeísta en junio del año próximo y que tratará de lograr la nominación presidencial. Ya con sus 32 vicepresidentes bien unidos, Hipólito se lanza al ruedo, mientras le dejan uno a Ramón Alburquerque para que se entretenga. Eso no quiere decir que la posición sustentada por Ramón, de que tanto Hipólito como Miguel violan ahora mismo los estatutos con “nominaciones” a destiempo no sean conocidas…

Usted sabe bien,  querido Magino, cómo funciona el perredeísmo a lo interno. No hay partido más duro que el PRD ni voto más duro que el perredeísta. Pero, de igual manera, por algo decía el finado doctor José Francisco Peña Gómez que el PRD llevaba en sus filas el germen de su propia destrucción. Lo ha probado varias veces…

Y a lo mejor  lo prueban algunos guanajos que creían que Hipólito sembraba piñas en vez de votos.