Coctelera

¡Saludos, oh ilustre Magino! Por aquí, como los cuchillitos malos, amolando y siempre boto. Verá usted, viejito jugador, que la mayoría de la Cámara de Diputados es la de Lola y no te menees. Ahora, para “proteger” a la gente del vicio, especialmente a los menores, legislan para que los traganíqueles operen, en cantidad de doce por partida, en las bancas deportivas, es decir, en los centros de azar que funcionan con licencia del gobierno que controla a un Estado jugador. Pero eso no es todo, nuestros dilectos diputados conceden exenciones lindísimas para la importación de esas máquinas y sus piezas de repuestos a los centros autorizados. Mire, Magino, eso me recuerda, con enorme gratitud por el hecho, al antiguo alcalde de Nueva York, Fiorello La Guardia, que recogió los traganíqueles y los lanzó al río Hudson en lo que el hacha iba y venía, para que la corriente, no la eléctrica, hiciera de las suyas. Con doce “ladrones de un solo brazo”, “tragaperras” o “tragamonedas” por banca deportiva, habrá fiesta entre los explotadores de quienes pagan un permanente impuesto a la esperanza. En adición a los otros tributos, todavía sin reforma fiscal y mucho menos con un fiscal que se encargue de los reformadores. Por todo eso, Maginito, respaldamos con entusiasmo a la Secretaría de Interior y a su titular, doctor Franklin Almeyda Rancier, quienes reclaman al Senado que circunscriba los traganíqueles a los casinos autorizados. Eso ya es bastante. ¿Hasta cuándo, viejo verde, quienes viven de los demás encontrarán respaldo legislativo? Después no se quejen cuando le hablen de “Estado fallido”…

Alguna sorpresita debe causar la noticia de que los responsables de la dirección de la denominada política energética del país recomendaron al presidente Leonel Fernández que dé “luz verde” a las negociaciones para que la Westmont, de Malasia, instale dos viejas plantas de carbón de 600 megavatios y reciba un adelantito por 140 millones de dolaritos en los veinte meses que dure el proceso de instalación. Se ha dicho que el país necesita buscar 140 millones de dólares en préstamos para atender el compromiso que contraería y que después que las plantas estén en operación, se pagaría la deuda en energía suministrada. Que sepamos, no se ha dicho dónde se obtendrían los préstamos, aunque cabe suponer que no se buscarían en bancos del malayo jefe de la Westmont, uno de los cuales parece que estuvo involucrado en un liazo del carajo en Uganda y se supone que no fue por auspiciar una rifa gratis para los oyentes. Además, Maginito, hace solo un par de días que se conoció, en el país, que la Westmont ha estado involucrada en casos de soborno en Tanzania, según denuncias de Transparencia Internacional, 2001. Es decir, aquí se conoció la especie con bastante dilación y es inexplicable que agentes del gobierno estuvieran negociando con una empresa envuelta en escándalos. No es que se dude de la verticalidad de los negociadores criollos ni cosa que se le parezca. ¡Dios nos libre de ello! Pero sería muy prudente que el gobierno explicara, con lujo de detalles, en qué consisten las negociaciones con Westmont, todo lo relacionado con el préstamo de los 140 millones de dólares, especialmente con quien o quienes se haría eso. Además, decir sin rodeos cuál es la garantía que tiene el país de que no harían coca con los adelantos en caso de un descalabro de Westmont. Y lo más importante, referirse a las denuncias contra la empresa de Malasia y refutar, sin que queden dudas, los cargos de Transparencia. No es por nada, pero hay que recordar, Maginito, las jodidas que nos han dado en materia energética, desde las ventas de plantas viejas a gran sobreprecio hasta las operaciones con Smith and Enron y Cogentrix, sin pasar por alto las cosuanitas con la Unión Dichosa, perdón, la Unión Fenosa, desde los felices días en que la difunta CDE la contrató para asesorar en la reconstrucción de las redes de distribución hasta las espléndidas tardes en que se le dieron las nalguitas en la capitalización, en el Acuerdo de Madrid y en una recompra que, al parecer, es jodona de investigar, pues los jureles siempre han sido de aguas profundas. Naturalmente, Maginito, en el caso de la Westmont, por el silencio gubernamental que observa la logia, cualquiera pregunta: ¿por qué tanta prisa? Respóndame usted, no sea culebro. ¿ya ve usted por qué Chávez quiere ser socialista?