Coctelera

El Orfeón de Santiago, mi querido Magino, es una agrupación coral que llena de orgullo a los dominicanos. Es dirigido por un hombre excepcional, el sacerdote César Hilario, de una conducta vertical, trabajador incansable, con profundas inquietudes sociales. Los dominicanos, especialmente la gente de Santiago y del Cibao en general, disfrutan los conciertos del Orfeón. El Orfeón viene a Santo Domingo el tercer domingo de octubre de cada año, para cantar los himnos Nacional y del Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, en interpretaciones emotivas y de primerísima clase, que es una lástima que no estén contenidas en grabaciones…

Ahora nos enteramos, viejito charlatán, que el Orfeón no podrá presentarse en la sala principal del Gran Teatro del Cibao en este mes de diciembre a punto de comenzar. No hay fechas “disponibles”. El padre Hilario, desde agosto, gestionaba la fechita. Es una lástima que eso ocurra. El Orfeón no pierde nada. Pierde el Gran Teatro. El Orfeón irá al Centro de la Cultura. Allí expondrá, una vez más, su gran calidad. Hilario y los hombres y mujeres cuyas voces deleitarán al público, cosecharán los acostumbrados aplausos. Aplausos justos y merecidos. Mientras tanto, Maginito, deplore que a la calidad le cueste tanta dificultad imponerse en este decadente medio, mientras la mediocridad y la basura encuentran tan buenos escenarios y mejores patrocinadores…

Un amigo me pregunta cuanto costó al Estado la edificación del Palacio Nacional. Pues bien, caro Magino, oficialmente se afirma que ese majestuoso edificio costó la suma de RD$2,494,950.00. Esa cifra aparece en un álbum conmemorativo del cincuenta aniversario de la inauguración de la obra, editado por la pasada administración del doctor Leonel Fernández. La obra se levantó en el sitio que ocupaba la vieja mansión presidencial, primero local de la Receptoría General de Aduanas instalada por la ocupación norteamericana. El dictador Rafael L. Trujillo encargó la edificación al ingeniero Guido D`Alessander, un diablo a caballo como arquitecto. El Palacio Nacional fue inaugurado el 16 de agosto de 1947, coincidiendo con la apertura del período de gobierno de ese año y hasta 1952. ¿Cuánto costaría levantar hoy un Palacio similar? ¡Todos los dineros de la bolita del mundo!…

Distintos grupos de fuñiditos confían que Salud Pública de el frente a la situación del precio de los medicamentos, cuando menos buscando una manera para que cada vez mayor número de genéricos lleguen a precios asequibles a los más necesitados. Salud Pública no puede olvidar bajo circunstancia alguna, que en el programa de gobierno que ofertó el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) cuando buscaba el poder se decía”…

apenas un seis por ciento de la venta de medicamentos corresponde a productos genéricos, lo cual se traduce en costos aún más elevados”. Es decir, viejo charlatán, que este gobierno está comprometido con la vainita de los genéricos y no se puede perder tiempo hablando pendejadas. ¡Acción!…

De que somos raros, mi querido Magino, ¡Somos raros! Mire usted que tenemos al partido de gobierno y al mayor de la oposición contrarios la reelección presidencial. El PLD consagra la vainita esa en su programa de gobierno cuando habla de “promover la prohibición constitucional de la reelección presidencial en los períodos consecutivos”. El PRD acaba de decidir lo mismo, después que la tentativa de reelegir a Hipólito Mejía le costó tantos dolores de cabeza. Es decir, este país, políticamente, está, por mayoría, en contra de la vagabundería esa de la reelección. Pero la Constitución permite la cosuanita, todo por un motivito: legisladores del partido que ahora se pronuncia en contra de la reeleccioncita y unos cuantos adulonitos, aprobaron la vainita hace un par de añitos, por chulos y por otras cosas más. ¿Verdad que somos raros? Pata, en ese asunto de la reelección, para los reformista, pues son más coherentes que el carajo. Su líder y fundador fue reeleccionista hasta la tambora, por designios “del destino” o porque le daba la gana o por lo que fuera. Y sus canchanchanes le siguieron en vida y le siguen después de su partida. Amén.