Cogiendo el rábano por las hojas

HAMLET HERMANN
Escuchaba el otro día, como es mi costumbre, el noticiario de Radio Popular. En su editorial se incluyó un concepto sobre la reunión del Diálogo Nacional que me pareció sumamente interesante. La emisora reflejaba su sorpresa porque a dicha reunión no hubieran sido invitadas las organizaciones barriales ni los sacerdotes que laboran en las zonas calientes donde la delincuencia habita impunemente. Concita la preocupación de muchos dominicanos la forma como se está enfocando la lucha contra la violencia y la delincuencia porque, además de elitista es muy paternalista.

No es que los obispos, ni los grandes empresarios, ni los Generales, ni los Secretarios de Estado, ni los principales dirigentes políticos tradicionales no tengan ideas que aportar para frenar la violencia. Lo que inquieta es que, por la elitista composición del grupo, estuvieran perdiendo la perspectiva en torno a los orígenes y el destino de la violencia y la delincuencia. Sería interesante revisar con detenimiento la lista de invitados de “alto nivel” al Diálogo Nacional porque eso siempre refleja los objetivos que se persiguen. Es como aquello de dime con quien andas y te diré quien eres. Apreciando que quienes se reunieron constituyen el nivel superior de los sectores público y privado podría deducirse que las decisiones que allí pudieran tomarse les faltaría la opinión y el juicio de quienes más sufren la violencia. ¡Qué bueno si hubieran estado allí los “curas del diablo”, aquellos que conviven con la comunidad más pobre y más victimada por la violencia” Mejor aún se habría desenvuelto esa reunión en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (pucamaima) si los principales dirigentes barriales hubieran estado junto a los grandes señoras y señores que acostumbran a combatir la violencia con mayor violencia. ¡Qué bueno hubiera sido que foete y nalga se dieran la mano para buscar las verdaderas y definitivas soluciones al problema de la violencia!

Las mismas carencias conceptuales podrían apreciarse en la reunión que convocó el Jefe de la Policía Nacional con los Generales que en tiempos pasados también dirigieron la institución. Si lo que de verdad se busca es una reforma de la institución policial, no es en el pasado donde debían buscarse los elementos correctivos. Nuestro futuro pacífico no puede estar en el pasado tenebroso. Todo lo contrario. Lo que realmente debía hacerse es analizar lo que aquellos Jefes de la Policía Nacional de “los doce años de Balaguer”, los que ejercieron durante la poblada de abril de 1984 y los que institucionalizaron los fusilamientos disfrazados de “intercambios de disparos”.

Entonces, sólo entonces estaríamos en condiciones de recomendar que se hiciera todo lo contrario de lo que ellos hicieron en sus tiempos borrascosos. Convocar reuniones con generales que crearon cementerios privados es como si el gobierno del doctor Leonel Fernández decidiera ahora modernizar el sistema financiero del país asesorándose con los banqueros que asaltaron desde dentro los principales bancos del país y con ello provocaron el desplome de la economía nacional. Sería como llamar a los principales ejecutivos de Baninter, de Bancrédito y del Mercantil, así como a Andy Dauahjre para que reconstruyeran lo que ellos mismos destruyeron con premeditación, asechanza y alevosía. Repito: si queremos un futuro de paz, no debemos buscar soluciones en el pasado. Debemos ser objetivos y muy creativos. Empecemos a realizar reuniones con los de abajo. Invirtamos la pirámide y preguntémosles a las víctimas cuál es el grado de inseguridad que están viviendo.

Tenemos que tomar muy en cuenta unos criterios que nos dejó la doctora Ana María Salazar durante su corta visita de la semana pasada. La experta en cuestiones de seguridad pública y seguridad nacional señalaba con mucho acierto que: “La ciudadanía se siente insegura y a la vez impotente ante la delincuencia y percibe la ineficiencia de las autoridades para combatirla; por ello, afirmamos que una de las expresiones más claras de las crisis de la seguridad pública es la pérdida de la confianza ciudadana en las instituciones responsables de la seguridad y la procuración de justicia”. Visto este criterio de la señora Salazar, lo que corresponde es resolver los conflictos en el seno de las comunidades con una activa participación de las iglesias y la sociedad civil, así como de los aparatos gubernamentales cuyo oficio es recolectar información. En ese ámbito los problemas pueden resolverse por vías alternas a la intervención gubernamental que siempre es sumamente violenta.

Mientras, en lo que el hacha va y viene, Hagamos las principales reuniones entre los humildes y pospongamos el oropel y el figureo. Eso es, si de verdad queremos la paz y no queremos seguir conviviendo con el negocio de la violencia.