Colón, el responsable de todo

En esta campaña electoral estoy aprendiendo que un candidato a Presidente de la República no es seleccionado por los electores para que se ocupe de todos los problemas de la nación, sino para que atienda las cosas positivas y para que las negativas las estime como responsabilidad de los gobiernos anteriores.

La noción que uno tenía acerca de gobernar una nación iba en línea con entender que un Presidente de la República tenía que ocuparse, por mandato de los electores, de todos los aspectos implicados en la dirección de un país. De todos, absolutamente todos. En este orden, entonces, un estadista no podía decir, por ejemplo, este problema no es mío porque fue creado en la administración anterior o en las administraciones anteriores.

Yo, sin embargo, no me opongo a la nueva noción de gobernar. Me parece novedosa, atractiva y hasta posiblemente indicativa de que las cosas no son estáticas, sino que están sometidas a la ley de los cambios. Creo, eso sí, que a la hora de establecer las responsabilidades de los fenómenos, dentro de esta nueva escuela de pensamiento, porque de eso se trata, debemos ir a las raíces de las cosas.

Proponemos, por lo tanto, que hagamos un ejercicio retrospectivo y miremos hacia atrás, hasta llegar a Cristóbal Colón, quien en buena lógica debe ser considerado, dentro de esta nueva noción de responsabilidades gubernamentales, como el gran responsable, el responsable primigenio, de todos los males que desde 1492 a la fecha han acaecido sobre estas tierras, bautizadas desde 1844 como República Dominicana.

Dije todos los males, porque dentro de la nueva teoría, inaugurada por este gobierno formalmente pero esbozada con timidez en otras administraciones, los aspectos calificados positivos por cada gobierno son considerados suyos exclusivamente, aun cuando sus inicios hayan empezado en otras gestiones gubernamentales.

Este gobierno ha puesto de relieve dos grandes hechos para ilustrar la nueva noción del ejercicio de gobierno. Uno tiene que ver con la capitalización de las empresas públicas, sobre todo la Corporación Dominicana de Electricidad, y el otro es la quiebra bancaria. Estos son, según el padre de la nueva teoría, dos muertos del gobierno anterior, es decir, de la administración de Leonel Fernández Reyna.

Pero si se acepta mi propuesta, el razonamiento no debe quedarse en el gobierno anterior. Debe irse más allá. En un análisis retrospectivo, creo que no debemos quedarnos en Fernández, ni en el Joaquín Balaguer de los 10 anos, ni en la administración del doctor Salvador Jorge Blanco, ni en la de don Antonio Guzmán, ni en el de Balaguer de los 12 años.

Me parece que sería una injusticia del tamaño de la isla responsabilizar al doctor Balaguer de los doce y de los diez años del problema eléctrico. Por una razón elemental pero poderosa: él no fue quien instaló las plantas ni fue quien hizo posible el desmesurado crecimiento demográfico registrado en el país cuando era Presidente de la República, ni fue quien propició la migración campo-ciudad que propició la expansión de las ciudades y la incorporación de más gente al consumo de energía eléctrica.

Aunque cada gobierno ha prometido resolver el problema eléctrico, incluyendo el de Mejía, lo cierto es que ninguno ha podido. Pero aun así, yo creo que ellos no son los responsables. Los verdaderos responsables son los que hicieron posible la instalación de plantas eléctricas. Pero más, si lo pienso bien estimo que hay que ir, como en los sistemas filosóficos, más allá de las fenomenologías, hasta llegar a las causas primerísimas, a las raíces, a las génesis de las cosas. Y estas raíces solo podemos encontrarlas en el acto del descubrimiento de las américas.

No veo a Trujillo como responsable, ni a Horacio Vásquez, ni a Ulises Hereaux, ni a Buenaventura Báez, ni a Santana ni a los muchos presidentes de la República que intercalaron sus gestiones entre los grandes ciclos que ocuparon estos reeleccionistas. A estos debemos atribuirles las cosas que cada uno considero positivas.

Pero seamos honestos, esta es una noción de gobernar que es falsa. Un candidato a la Presidencia de la República es votado por los ciudadanos para que se ocupe de todos los asuntos de la nación, de absolutamente todos. Si el Presidente Mejía heredó una capitalización de las empresas públicas mal hecha, tal y como él y sus asesores económicos denuncian a diario y denunciaban antes de llegar al Palacio Nacional, entonces le correspondía hacer lo que prometió: corregir las fallas, enderezar lo que estaba torcido.

Si el Presidente Mejía heredó una crisis bancaria como la que estalló el año pasado, entonces debió, primero, denunciarla, y segundo, meterle mano, aislarla y evitar que estallara como estalló. Sobre todo porque su administración recibió el famoso informe de Aristóbulo de Juan, informe que data de mayo del 2000, es decir, de tres meses antes del inicio de este gobierno.

Me parece que el síndrome de Adán puede blandirse como un pobre argumento de proselitismo, pero no como una posición seria de la misión de un jefe de Estado. Un Presidente de la República tiene que ocuparse, con preocupación y con vocación para buscar soluciones, de la agenda que hereda, de las cosas positivas que esta agenda contenga y de las negativas.

De no ser así, entonces debemos actuar con mayor apego a la lógica y debemos decir que el gran responsable de todo es Cristóbal Colón, a quien le debemos que estemos en el mapa.