Columna Invitada

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POR CLAUDIO COHEN
Este domingo 23 de julio nací hace ya 51 giros de 365 días de planeta. Ha sido realmente decepcionante ver la crueldad de la criatura humana para con sus semejantes.

Ni decir para con quienes no hablan nuestro idioma y peor si son considerados inferiores y es un mandato enseñorearnos sobre éstos.

Aun no entiendo el dinero. Ni la importancia que le dan al oro o a las piedras preciosas.

No comprendo que un semejante muera de pobreza o no pueda salvar su vida por no tener dinero.

Alguien debe estarse riendo de pena al ver este marasmo. Pero acepto menos mi ignorancia, y cada minuto de mi vida, se lo dedico a quien me creó, desde el lugar que todos aborrecen, el lugar bajo.

Resbalo y mientras voy fluyendo, admiro y venero todas las orillas donde mi agua calma su sed.

Cada vez entiendo menos que el ser humano haya preferido quedarse en el cascarón de su existencia.

Pero cuando veo un niño o a mis hijos, comprendo que la realidad puede ser distinta, y entonces preservo el deseo de seguir viviendo de la manera convencional conocida.

LOS DEMÁS PARECEN SABER

Tantos nos han dicho cómo debemos vivir. De dónde venimos. Hacia dónde vamos.

Muchos están convencidos de que hablan la verdad absoluta.

Y en su férrea fe, basada en la pureza de sus corazones, pero razonada e interpretada por sus intelectos, no hay un solo espacio para la humildad. La verdad, soberbia ante su espejo, es un látigo de castigo ante el abismo de lo temido.

PALABRAS, SENTENCIOSAS Y NECIAS

A mi edad, salvo estás palabras sentenciosas y necias, de las cuales no aseguro su certeza, cada vez que advierto mi imprudencia,  callo ante la belleza de la naturaleza, los colores, sus infinitas formas, hay que sentir el aire, el milagro de la vista, los animales que hablan con sus miradas, los árboles y sus frutos, lo indescriptible en la más hermosa sinfonía que sólo Dios pudo haber creado. El Dios que no está hecho a mi imagen y semejanza.

ENSANCHAMIENTO

Si lo que está callado me habla, siento que mi conciencia se ensancha. Si puedo sentir el dolor ajeno, siento que mi conciencia se ensancha.

Si puedo advertir la decepción de no haber recibido una oportunidad de la vida, siento que mi conciencia se ensancha.

Si solo pudiera estar callado y no sintiera la necesidad de comunicarme con los demás, probablemente estaría tan solo como el creador.

BENEVOLENCIA

Sé que Dios perdona mi ignorancia. Y que es parte de mi soberbia no querer pertenecer al rebaño.

Se que él lee mis pensamientos, y que salvo los espacios dedicados a la lujuria (palabra que denomina los raptos de placer y deseo), pienso que la vida mía es un granito de arena en un desierto de todos, y por eso siento que marcho junto a todos. Único e irrepetible, pero sumado al destino de todos.

Lo que no comprendo es por qué sólo me habla a través de lo que interpreto en mi corazón.