Como cada 14 de abril

José Báez Guerrero
j.baez@codetel.net.do
Ayer lunes se cumplieron diez años del fallecimiento del más  importante periodista dominicano de los últimos tiempos. Su grandeza lo ha hecho perdurar en la memoria de sus colegas, e incluso aquellos que no le quisieron bien reconocen que constituye, aún hoy, un referente moral  como paladín de las libertades de prensa y de empresa.

 Germán E. Ornes nació en Puerto Plata el 30 de julio de 1919. Rara vez podía oírsele vanagloriarse de nada, pero una manera simbólica de  indicar su dominicanidad era referir que su padrino de bautismo fue Emilio  Prud’homme, el autor del Himno Nacional.

 Su contribución al periodismo trasciende su recia dirección de El  Caribe, pues fundó TeleAntillas, que a finales de los 70 revolucionó la  televisión dominicana. A mediados de los años 80 vendió sus acciones a don Pepín Corripio, para concentrarse en su periódico. En la Sociedad  Interamericana de Prensa, de la cual fue presidente (1978-79), se le recuerda como un paradigma continental del mejor periodismo.

 Antes de consagrarse al periodismo, fue abogado. Fue diputado por  Puerto Plata en 1950. Entre los años 1946 y 1948 fue secretario de la Comisión  de Salarios y co-autor del Código de Trabajo que estuvo vigente hasta  1992.

Como periodista, se inició como redactor en La Nación en 1939. Luego  fue jefe de redacción de La Opinión, desde 1945 a 1946. Después fue jefe de redacción y director de El Caribe, desde 1948 a 1955, cuando rompe con Trujillo y va al exilio. Fue editor internacional de El Mundo de Puerto  Rico entre 1956 y 1961; allí escribió el libro “Trujillo, Little Caesar of  the Caribbean”.

 Fue colaborador importante de varias fundaciones. Recibió innumerables honores en vida, pero ninguno lo deslumbró. Raras veces salía su propia fotografía en El Caribe. Murió repentinamente, en medio de una larga enfermedad, cuando se dirigía a una celebración por el cincuentenario  de su diario en el Banco de Reservas, de cuyo consejo de directores fue  miembro.

 A muchos empresarios, que se dejan chantajear, se doblan ante sus  propios temores y ocasionalmente tiemblan ante el poder, les haría bien  inspirarse con el ejemplo de intransigencia, fiero amor por la libertad y sentido  de equidad, justicia y lealtad a sus amigos, que legó como mayor tesoro  Germán E. Ornes a quienes le seguimos queriendo. Como homenaje, seguir su ejemplo basta.