¡Cómo cambian los tiempos!

JOSÉ BÁEZ GUERRERO
j.baez@codetel.net.do 
Hace 43 años la República Dominicana padeció la última intervención militar extranjera de las varias que ha sufrido. Algunos nacionalistas anti-gringos prefieren olvidar que aparte del ‘16 y el ‘65, nos han invadido los haitianos, y antes de ser república, los franceses, piratas ingleses y filibusteros de variada laya.

Para recordar la revolución hay que tener casi medio siglo de edad, pues difícilmente nadie recuerde nada que ocurriera antes de los cinco o seis años de nacido. En mi caso, recuerdo vivamente los bombardeos y ametrallamientos aéreos contra el Palacio Nacional, por aviones (dominicanos) que entraban en picada aparentemente encima de la casa de mis padres en Gazcue, regando con los cartuchos vacíos el patio. Un día, una lluvia de casquetes roció nuestro jardín, mientras jugábamos mi hermano y yo, y este milagrosamente salvó la vida cuando entre sus dos piernas se clavó en el suelo una de esas cápsulas vacías, mientras otras tumbaron una cornisa y una esquina del techo. Por muchos días no nos dejaron volver a salir al patio.

Este aniversario de la invasión norteamericana ha coincidido con un anunció hecho en Washington de que el Pentágono planea restablecer su Cuarta Flota Naval, disuelta tras la II Guerra Mundial, para que se ocupe exclusivamente de proyectar el poderío militar norteamericano en el Caribe. Quizás este anuncio haya caído mal en Caracas, pero puede que a los dominicanos nos resulte ventajoso.

Más que cualquier pseudo-amenaza militar, o temor por la descomposición política de la crecientemente izquierdosa Latinoamérica, los americanos deberían dirigir su inmenso poder a combatir con mayor seriedad el narcotráfico. Si su propaganda política es cierta, hay un vínculo fortísimo entre los carteles de la droga y las organizaciones insurgentes como las FARC de Colombia. Atacar el narcotráfico disminuiría pues una fuente de financiamiento para esas guerrillas.

Un día de guerra en Iraq, según el premio Nobel Stiglitz, cuesta a los Estados Unidos más de US$400 millones. El destructivo efecto de las drogas, por sí sólo, más que justificaría que los americanos nos ayuden a combatir un flagelo que resulta, más que nada, de su insaciable voracidad por la cocaína. Que de paso su poderío militar por fin resulte beneficioso para nosotros sería la ñapa. Combatir las drogas fortalece la democracia. ¿No dizque para eso fue que nos ocuparon en 1965?