Como chivos sin ley

JOSÉ ANTONIO MARTÍNEZ ROJAS
En los últimos años, el irrespeto a la ley en la República Dominicana se ha acrecentado de manera alarmante hasta el extremo de colocarnos en el dilema de definir, si son más los violadores que los cumplidores. Las autoridades, tanto civiles como militares, han, por diversos motivos, bajado la guardia frente a constante violadores de leyes, reglamentos y disposiciones para salvaguardar los derechos de los ciudadanos.

La semana pasada, íbamos hacia Bávaro y al llegar a la ciudad de La Romana, notamos como un grupo de los vehículos denominados “las garcitas” transitaban por las carreteras nacionales sin placa trasera de identificación. Estos vehículos asignados a asociaciones o sindicatos de chóferes con un poder que le permite violar impunemente la Ley 241 sobre Tránsito Terrestre, circulan en virtud de la presunción, de que la tanto la Policía Nacional (P.N.) como la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMET) no los detendrán, porque según nos informo un alto oficial de la P.N., la Dirección de Rentas Internas no tiene disponible las chapas y ellos no pueden esperar, ya que a partir de la entrega del vehículo por el distribuidor, los pagarés comienzan a devengar intereses que deben ser satisfechos mensualmente.

Los llamados “padres de familia”, tipo de ciudadano que se cree el único con ese compromiso frente a sus hijos, se permiten la osadía, de transitar en vía contraria en calles de una sola dirección.  Asimismo, si conduce una motocicleta, tiene luz verde para montar en su máquina, tres y hasta cuatro pasajeros, todos sin casco protector y la mayoría de ellos, cuando lo hacen de noche, no tienen la luz trasera que evita un grave accidente en caso de un conductor ser cegado por las luces de otro vehículo que viene en vía contraria.

Si un conductor no lleva puesto su cinturón de seguridad, es pasible de que se le aplique una fuerte multa. Sin embargo, los carros del “concho”, es decir, del servicio publico, en virtud de una decisión inconstitucional del ex -presidente de la República, se les exonero de tal obligación, por su condición de “padres de familia”.

No sabemos porque las autoridades municipales se empeñan en señalizar las calles y las avenidas de las ciudades, ya que las que son designadas de una vía, son constantemente ignoradas y cuando usted menos lo piensa, ahí aparece un desaprensivo que además lo insulta si se comete la “imprudencia” de señalársele la infracción que comete.

Estacionarse en un lugar prohibido, tomar pasajeros en esquinas de mucho tránsito en donde hay letreros que indican “NO PASAJEROS”, es una gracia para los “padres de familia”, que inclusive los montan sin importarles la presencia de un agente de tránsito en esa congestionada esquina.

Las aceras son de la propiedad de los taxistas, desabolladores, mecánicos y hasta de “garajistas”, compañías, tiendas, supermercados y otros establecimientos comerciales, que con solo pintar una raya amarilla, se adueñan del espacio destinado a los transeúntes.

Señalar que los túneles y los elevados no pueden circular motocicletas, autobuses o camiones, es un dispendio inútil de la Secretaria de Estado de Obras Publicas y Comunicaciones (SEOPC).  Cuantas veces hemos sido sorprendidos por una “voladora”, un “motoconchista” y hasta un camión. En una ocasión, los violadores fueron un convoy del ejército nacional que raudo atravesó los túneles de la avenida 27 de Febrero.

Por fin, se le quiere poner coto a la práctica de “tintar” los vidrios de los vehículos, especialmente los delanteros, con la finalidad de evitar la penetración de los candentes rayos solares, pero también es utilizada por maleantes y asaltantes para cometer fechorías sin que sus rostros puedan ser identificados, tanto por las víctimas como por los testigos de ocasión.

En estos momentos en los cuales la P.N. se encuentra en plena

reestructuración, el raterismo, los asaltos, secuestros, violaciones, robos y los abusos de poder están a la orden del DIA.  La prensa, tanto radial, escrita y televisiva se hacen eco en todo momento de la incertidumbre que tiene que afrontar, sobre todo, la clase trabajadora, que muchas veces debe desplazarse a altas horas de la noche o temprano en la mañana. Ojalá la nueva reorganización de la P.N. en donde una de las condiciones mínimas para pertenecer al cuerpo del orden es ser bachiller, signifique la vuelta a un orden, que desgraciadamente lo queramos o no, solo lo tuvimos cuando la dictadura de Trujillo. Evitemos por todos los medios volver a esos tiempos, o pagaremos muy caro nuestra negligencia. Afortunadamente, no creo que nadie ose de tratarme de “trujillista” por lo escrito anteriormente, porque mi conducta en aquellos nefastos tiempos esta fuera de toda duda.