Cómo construir resiliencia social

Me preocupa la participación de adolescentes y jóvenes en actos delictivos, transgrediendo las normas sociales y la cultura de la paz. Pero, me preocupa más su doble contaminación, una veces victimarios y, otras veces víctimas, deteniendo como consecuencia la cárcel, el cementerio, o vivir con una lección permanente con el que entra a la discapacidad físico-motora. ¿Qué condiciona a un joven a la delincuencia? Uno de los indicadores es la exclusión socio-económica y estructural, en su condición de pobreza. Las otras causas pueden deberse a disfunción familiar, abandono de las escuelas, los trastornos conductuales y disociales en su personalidad, el abuso o dependencia de la drogas, hasta la presión y la influencia de amigos de alto riesgo, y la búsqueda de logros a través de la cultura de la prisa, o del logro por lo tangible: dinero, confort, tecnología, vivienda, vanidad, cultura narcisista, o la búsqueda por la subsistencia, etc.
A los jóvenes les ha tocado un mundo donde no se valora el ideal, los principios, la dignidad, los valores, la identidad. Peor aún, defender o vivir la vida con propósitos, o luchar por el logro de lo intangible; el joven piensa que la sociedad no le acepta, no le reconoce, no lo valora, no le brinda el espacio, y, para mal, también, siente la indiferencia de los amigos, de los grupos de la escuela o de la universidad. Ese acoso moral, por ser diferente, presiona y representa estrés psicológico y social para el joven que quiere hacer las cosas distintas y diferentes. Sin embargo, observa el joven, cómo la sociedad posmoderna presiona para el consumo, la vida hedonista, la cultura de la prisa y la vida mediática, que le abre camino al joven pragmático, desafiante, o con habilidades sociales. Para un joven o adolescente resulta una frustración no entender lo que pasa o por qué la sociedad dice una cosa y hace otra, o cómo ganan validación y notoriedad aquellos (as) que practican lo incorrecto, que hacen la trampa social, o que juegan a los anti- valores. Todo esto es cierto, le diríamos a los jóvenes, pero hay que ser diferente.
Vivir diferente y defender una identidad y una referencia psicosocial diferente pero no desigual. Frente a este desafío, los adolescentes y jóvenes tienen que aprender a construir la resiliencia social, es decir, aprender a ser resistentes, duros, firmes, frente a las adversidades, a los cambios, a las injusticias y las desigualdades sociales. Tienen que estudiar, aprender a insistir, persistir y resistir para lograr el éxito, para decirle a la vida que con su autoestima, su dignidad, su autodeterminación, su motivación y con sus propósitos ha logrado subir la escalera de la vida.
Ser resilientes es aprender a evitar los riesgos y las conductas riesgosas que esta sociedad te oferta y le seduce: alcohol, drogas, sexo, dinero, prostitución, delincuencia, etc. Si lo jóvenes acuden al llamado del desafío psicosocial de vivir con resilencia para ser saludable, competitivo, diferente, con liderazgo y con compromiso social en la comunidad, en la escuela, en la universidad, con los amigos y en la familia, simplemente logran construir su propios espacios no importa el costo, la presión, o el acoso; se aprende a luchar para ser diferente en la vida.
Pienso que al final, estos jóvenes resilientes comprenden que el significado de una vida asumida para servir, para reconstruir, para abrir caminos a otros jóvenes, no una vida egocéntrica, mezquina, narcisista, individualista y vanidosa. El desafío es, asumir la resiliencia para salir airoso y exitoso, pero diferente y con compromiso social. Solo los que resisten y defienden una vida en valores salen gananciosos y trascendentes.