Cómo desmontarse del lomo de un tigre feroz

No recuerdo quién fue que dijo que en países como este dejar la Presidencia de la República es como desmontarse del lomo de un tigre con hambre: se corre el peligro de ser devorado por la misma fiera que se montaba…

Sin embargo, Leonel Fernández quizás esté inaugurando un nuevo estilo de estar siempre en el poder aun cuando tome vacaciones de la Presidencia. Sería el único gran jefe de un partido en voluntariamente bajar del poder. Guzmán rehusó aspirar a la reelección y Jorge Blanco también, pero ninguno era el principal jefe de su partido.

Es un supuesto indiscutido que en la política dominicana no existe el retiro. Es como si hoy Marichal le pitchara a Rico Carty, con el entusiasta aplauso de palcos y bleachers. Balaguer, Bosch y Peña Gómez mantuvieron su vigencia hasta que murieron; sólo Bosch tuvo el buen juicio de semi-retirarse, estragado por la edad.

Cuando el entonces presidente de Francia, Jacques Chirac, anunció su retiro de la política tras una dilatada carrera de más de cuatro décadas, al parecer todos se alegraron del fin de la era Chirac. Pero aquí el que Fernández no aspire esta vez a la reelección no significa el fin de su liderazgo político.

En casi todos los países democráticos, los políticos, estén o no en el poder, algún día se retiran. Uno de los más poderosos incentivos para retirarse es el fracaso. Si la longevidad política es la única medida, podría argüirse que Chirac fue exitoso, pues reinventó el gaullismo y presidió a Francia desde 1995. Pero su legado incluyó una corrupción rampante, una economía cuyo desempeño es peor que el de las demás potencias europeas, una deuda estatal enorme, un creciente desempleo y tensiones sociales agudas, que incluyen violencia racial en barrios de las ciudades.

Aquí los políticos activos insisten en pronunciarse en contra de la reelección presidencial como si ella en sí misma fuera mala.

Pero el continuismo lo aprueban en todas las demás actividades públicas, desde las presidencias de clubes para jugar dominó, los gremios profesionales y asociaciones sin fines de lucro, hasta la Liga Municipal Dominicana, las curules congresuales, el liderazgo partidario o las ganas de candidatearse.

En la política criolla no hay fecha de caducidad y mucho menos cuando contamos con el lujo de veteranos jovencitos…