Como el 9-1-1, los hospitales deben funcionar bien

Marien Aristy Capitan

Su alegría causa dolor. Saberles emocionados por algo tan simple, que no debe ser, me sorprendió. ¿Cómo es posible que un hospital estuviera casi de fiesta porque llegó el agua potable? ¿Cómo llegar a eso en un lugar que debe estar aséptico?

Las explicaciones duelen tanto como la realidad. Que era sólo un ala del hospital Luis Eduardo Aybar (Morgan) que estaba sin agua y que construyen un nuevo hospital, según dijo ayer el ministro de Salud, Freddy Hidalgo.

A pesar de sus palabras, sigue siendo preocupante saber que los médicos y los enfermos que acuden al Aybar conviven con las ratas, el hacinamiento, el sucio y una carencia de equipos que raya en el ridículo: las radiografías son un sueño porque se dañó el aparato y en el laboratorio no se puede hacer ni siquiera un hemograma.

Mientras eso sucede, el Gautier vive una situación parecida y en el Robert Reid Cabral la vicepresidenta, Margarita Cedeño, tuvo que intervenir y ofrecer ayuda para que puedan sortear las dificultades económicas que les ahogan.

Al mismo tiempo, el Gobierno nos muestra lo bien que ha logrado articular el proyecto del 9-1-1, que comenzará a funcionar mañana en diez hospitales cuyas emergencias se habilitaron para ello. Al comparar ambas realidades, uno se pregunta, ¿por qué al Gobierno no le dará con asumir, con la misma eficiencia del 9-1-1, los hospitales públicos?

Sería bueno que el Presidente decida ir a ver lo poco dignos que son los servicios que recibe la población dominicana. El mejor ejemplo es el Morgan. Cuando uno ve cómo se trabaja ahí comprueba que esto no merece llamarse país.