¿Cómo estamos invirtiendo en educación?

RAFAEL TORIBIO
Si bien se ha incrementado el gasto público en educación en la mayoría de los países de la región, la inversión por alumno sigue siendo baja, la distribución de los gastos favorece a la población con mayores recursos y una parte de los fondos se pierde por ineficiencia.

El nivel de inversión en la educación en Centroamérica ha venido aumentando en los últimos años. Nicaragua y Panamá invierten porcentualmente, con relación a su Producto Interno Bruto (PIB), más que el promedio para América Latina y países como estados Unidos y España.  El Salvador ha aumentado el gasto público en educación del 1,8% en 1992 al 3% del PIB en el 2000, y los demás países también han incrementado su inversión como porcentaje del ingreso. En República Dominicana se llegó al mayor monto en educación en el año 2000, cuando se destinó el 16.9 del presupuesto, equivalente al 2.7 del PIB.

Esto es, naturalmente, una buena noticia, pero es necesario analizar con más detenimiento antes de sacar conclusiones excesivamente positivas, cómo se desprende del Informe de Progreso Educativo en Centroamérica y República Dominicana avalado por la Comisión Centroamericana para la Reforma Educativa del Programa de Promoción de la Reforma Educativa para América Latina y el Caribe (PREAL) Las razones para ser cautos son las siguientes.

Primero, porque a pesar de los aumentos, a excepción de Panamá y Nicaragua, no se ha alcanzado la meta de invertir un 5% del PIB en el sector, recomendada desde hace tres años por esta misma Comisión como un mínimo necesario.

Segundo, las cifras anteriores no toman en cuenta el tamaño de la población que será atendida. En varios de los países de la región la población en edad escolar es proporcionalmente alta en comparación con la población total por lo que se debería invertir una porción mayor de los ingresos para alcanzar niveles adecuados de financiamiento por alumno.  Mientras países como España gastan $3,300 dólares por alumno en primaria, la mayoría de los países centroamericanos y la República Dominicana invierten menos de $600 dólares por alumno.

Tercero, la distribución de los gastos favorece a la población con mayores recursos.  La mayoría de los países de la región gastan mucho más en alumnos del nivel superior que en alumnos de primaria y secundaria. Honduras invierte por cada alumno de educación superior siete veces más que por alumno de primaria, y cuatro más que por los de secundaria.  En Panamá y Costa Rica se gasta aproximadamente tres veces más por alumno del nivel superior que por alumno de los niveles primaria/secundaria combinados.  En la República Dominicana, esta relación es de 2 a 1, y en El Salvador es de casi 1 a 1 lográndose mayor equidad.  El caso extremo es Nicaragua, donde el gasto por alumno de educación superior es 15 veces mayor que en el de primaria.

Asimismo, la mayoría de los fondos dentro de los países tienden a destinarse en áreas urbanas y no en las regiones y comunidades con mayores necesidades.  Finalmente, hay que considerar que buena parte de los pocos recursos destinados a la educación no producen los resultados esperados por falta de eficiencia y porque se orientan a gastos en vez de hacerlo hacia inversiones.  Las altas tasas de repitencia y deserción en la mayoría de los países hacen necesario destinar  recursos que podrían ser utilizados para ampliar la cobertura y la calidad de la educación. En todos nuestros países, además, la mayor parte de los recursos destinados a la educación es para pagar los sueldos del personal, sobre todo el administrativo.

En suma, no basta con aumentar los recursos para educación.  Es necesario repensar cómo se están invirtiendo para hacerlo en forma más eficiente y más equitativa.