Cómo mejorar la distribución del bendito PIB

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Las recientes declaraciones del veterano y experimentado Gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu, en el sentido de que los beneficios del alto crecimiento de nuestro Producto Interno Bruto (PIB) no se están “derramando”, percolando (la teoría del trickle down), hacia la clase media y pobre y que para enfrentar eso se deben de aumentar los salarios, más cuando la productividad entre nosotros ha mejorado, ha puesto en el tapete un tema tan antiguo como la civilización misma.
Ya en el siglo XIX Marx había planteado una teoría sobre cómo crear una sociedad más igualitaria, Kennedy trató, a través de su “Alianza para el Progreso”, hacia finales del siglo XX, con su reforma agraria y tributaria mejorar la distribución del ingreso en América Latina y en este siglo Picketty (“El capital en el siglo XX”) y Anthony Barnes (“Desigualdad. ¿Qué se puede hacer?”) han retomado el tema.
Para la mayoría de los economistas una buena política redistributiva debe de concentrarse en cuatro áreas:
1. A quién cobrar los impuestos. Si los que más contribuyen al presupuesto son los pobres y la clase media, a través de impuestos indirectos, como el ITBIS y los de aduanas, es decir una política tributaria regresiva, se empeora la distribución del ingreso.
2. En qué gasta el gobierno. Si el grueso del presupuesto se dedica a educación, salud, seguridad social, tarjetas de Solidaridad y ciertos subsidios, la política de gastos públicos es progresiva y contribuye al “derrame” del PIB. Si se concentra en grandes obras públicas, corrupción y gastos militares empeora la “curva de Gini” que es con lo que los economistas, en su jerga, miden la justicia social.
3. Tenencia de la tierra. Sobre todo en países agrícolas, la forma en que esté repartida la tierra afecta mucho la distribución del ingreso y por eso el énfasis sobre las reformas agrarias en América Latina durante los siglos XIX y XX. La revolución cubana es el mejor ejemplo.
4. La política laboral. En países donde los sindicatos son fuertes (y no simples apéndices de partidos políticos como en el caso dominicano) y donde los partidos laboristas han ejercido el poder, los aumentos de salarios, la seguridad social y los planes de pensiones han mejorado mucho la desigualdad social. El “derrame” ha devenido en un torrente, pues los obreros aumentan su participación en el pastel, a expensas de empresarios y rentistas.
Es muy inusual que un Gobernador de un Banco Central abogue por aumentos salariales. Todo lo contrario, pues normalmente estos perjudican a la balanza de pagos, al aumentar las importaciones y hacer menos competitivas las exportaciones. En Valdez Albizu luce que ha predominado más su enfoque desarrollista y justicialista, que la ortodoxia bancentraliana, pero no es coincidencia que plantee esas ideas precisamente en momentos de bonanza de divisas y de baja tasa de inflación, cuando el margen de maniobra frente a aumentos salariales es más holgado. Sus ideas coinciden con el abandono de la ortodoxia por parte de los grandes bancos centrales norteamericano y europeos, al haber promovido una enorme expansión del crédito y bajas tasas de interés, algo que era herejía hasta hace poco.
¿Peligros? Que las exportaciones de zonas francas textiles vuelvan a no ser competitivas, más ahora con la devaluación de la moneda china y que al turismo se le haga más difícil competir con una Cuba tan barata. Que, en fin se tenga que devaluar para “compensar”, pero el consecuente efecto inflacionario podría comerse parte del incremento salarial. Si es excesivo, el “derrame” deviene en un “derrame cerebral”. El peor enemigo de la justicia social, del percoleo, del derrame es la inflación. El devaluar no está en el recetario de Valdez Albizu
¿Por qué este gobierno reeleccionista no abraza las ideas de Valdez Albizu? Tal vez porque también tendría que aumentar la nómina pública, pero un incremento salarial acrecentaría la demanda interna y, consecuentemente, lo recaudado por Impuestos Internos, como el ITBIS, aunque posiblemente se reducirían los cobros del Impuesto sobre la Renta.
Pero mayores salarios reducen la proporción del PIB que se ahorra, por lo que eventualmente se reduce el crecimiento. Es el eterno debate sin solución: crecimiento o “derrame”. Que llueva.