Cómo preservar la salud renal

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Doctor Limber Iván Rojas Pérez
Nefrólogo – trasplante renal, Unidad de Hemodiálisis del HGPS, Unidad de Investigación Clínica Departamento de Trasplante Renal HGPS

Los riñones son órganos sólidos, ubicados en la parte posterior de la cavidad abdominal, a ambos flancos de la misma. En condiciones normales los seres humanos contamos con dos riñones, uno a cada lado de la columna vertebral, que trabajan de manera sinérgica para cumplir los requerimientos del organismo. Suelen medir entre 8 y 13 centímetros de largo dependiendo de la talla del individuo, y su peso equivale al 1 % del peso corporal total de la persona.

Estos pequeños órganos cumplen distintas funciones, las cuales son imprescindibles para la subsistencia del individuo, y entre ellas destaca la de filtro sanguíneo, la cual no es más que la eliminación de los desechos del metabolismo del organismo (urea, ácido úrico, creatinina, potasio y fósforo, entre otros), a través de la orina.

Diariamente, los riñones filtran unos 180-200 litros de sangre para producir unos dos litros de orina, considerando que se reabsorbe más de un 90 % de lo filtrado, se traduce en una tasa de filtración de unos 125 mililitros por minuto.

La orina baja continuamente hacia la vejiga a través de unos conductos llamados uréteres, donde es almacenada hasta el momento de su expulsión.

Otra de las funciones que realizan estos órganos es la de producir hormonas, las cuales ejercen diferentes roles en el medio interno.

Una de ellas es la eritropoyetina, la cual interviene con la producción de los glóbulos rojos y mantiene unos niveles adecuados de hemoglobina en sangre. También producen una hormona conocida como renina, que interactúa con otras sustancias para mantener un equilibrio en la presión arterial e interfieren en el proceso de la formación de vitamina D, siendo estos el centro principal de activación de la misma.

Los riñones son, además, el lugar donde actúan importantes sustancias reguladoras como la PTH (paratohormona), que interviene en la regulación del calcio, el fósforo y el metabolismo óseo; la aldosterona, que interviene con el metabolismo del potasio, la ADH (hormona antidiurética o vasopresina) que interactúa con los riñones para la correcta eliminación del exceso de agua, entre otras.
En adición a todo esto, los riñones regulan de manera efectiva la acidez de la sangre, mantienen el equilibrio entre el líquido y los minerales disueltos en la misma (sodio, cloro, potasio, magnesio, calcio, entre otros) y son imprescindibles en la regulación de la presión arterial, siendo este el paso más importante para mantener las cifras de tensión arterial en rangos adecuados.

Dicho esto se podría llegar a la conclusión de que los riñones son órganos bastante importantes para la supervivencia del individuo y que la afectación de los mismos podría no solo acortar el tiempo de vida de las personas, sino también interferir en su calidad.

Por eso es menester conocer no solo las enfermedades que pueden llevar a su deterioro, sino también la adecuada forma de cuidarlos.

Prevenir la enfermedad renal crónica no es una tarea fácil, ni se logra en poco tiempo. Entre los objetivos de la OMS para este milenio está el reducir la morbimortalidad asociada a la enfermedad renal crónica, que tras quince años de inicio del mismo no ha disminuido, incluso en los países con sistemas sanitarios punteros.

Creencias y tabúes sobre sus causas

Dentro de la genialmente llamada “idiosincrasia del dominicano” existen varias creencias y tabúes sobre las cosas que pueden causar enfermedad o afección de estos órganos, así como también existe desconocimiento de las enfermedades o prácticas que pueden ocasionar disfunción de los mismos.
Una de las creencias que más llama la atención de los nefrólogos es la idea de que las bebidas carbonatadas o como se conocen popularmente “refrescos de botella” causan piedras que dañan los riñones.

En un importante estudio publicado en el “American Journal of Epidemiology”, que englobó 45 289 sujetos, se determinó la ingesta de 21 tipos diferentes de bebidas y el desarrollo de litiasis renales a lo largo de seis años.

Los autores encontraron que la ingesta de bebidas carbonatadas no incrementa el riesgo de formación de litiasis cuando todos los factores fueron considerados. Concluyeron que si la dieta de un individuo se mantiene igual, la adición de bebidas carbonatadas no incrementaba el riesgo de formar piedras.

Lo que no solemos tomar en cuenta y que sí es un hecho relevante y comprobado es que el azúcar contenido en este y otro tipo de bebidas, así como nuestra dieta rica en sal y azúcares de absorción simple puede conducir a diabetes e hipertensión arterial. Las cuales hoy por hoy son las principales causas de daño renal crónico irreversible a nivel mundial.

Cabe destacar que la enfermedad renal crónica no duele y no produce síntomas hasta que se encuentra en etapa avanzada. Otro punto a tomar en cuenta es que el paciente diabético orina mucho incluso en etapas avanzadas de la enfermedad renal. por lo que la típica frase “No sufro de los riñones porque orino bien y no me duelen” es una aseveración totalmente falsa.

Enfermedades que afectan los riñones de manera frecuente

• Cálculo o litiasis renal: Es una de las enfermedades más antiguas de la humanidad y de los motivos más frecuentes de visita al urólogo o nefrólogo. Si se acompaña de obstrucción o infecciones frecuentes podría comprometer el funcionamiento de los riñones a largo plazo.

• Nefropatía diabética: Es la afección que conduce a daño renal crónico e irreversible con más frecuencia a nivel mundial. La diabetes es hoy por hoy la enfermedad en la que más dificultad se presenta para frenar la progresión hacia enfermedad renal crónica terminal. Tarda aproximadamente 10-15 años en causarla, dependiendo del tipo de diabetes mellitus (la Tipo 1 suele ser más agresiva).

• Glomerulonefritis: Son enfermedades intrínsecas del riñón; se produce una afectación de los filtros microscópicos llamados glomérulos que usualmente son causadas por situaciones autoinmunes que conllevan al daño renal irreversible. Un ejemplo de esto es el lupus eritematoso sistémico.

• Hipertensión arterial: La hipertensión es una causa importante de daño renal crónico en nuestro país, si no hay un buen control tarda unos diez años en dañar de manera irreversible el funcionamiento de estos órganos.

• Enfermedades hereditarias y/o congénitas: Existe un sinnúmero de enfermedades congénitas y/o hereditarias que afectan los riñones de manera crónica. La más frecuente entre las hereditarias es la poliquistosis renal autosómica dominante que supone un 15 % de la población mundial en diálisis.

Sobre el agua y la sal
Los riñones necesitan líquido para filtrar las sustancias nocivas del cuerpo y producir orina. Se recomienda una ingesta alrededor de dos litros de agua diaria. En personas que realizan ejercicio físico o que residen en zonas calurosas esta cantidad puede aumentarse hasta 2.5 o 3 litros.

¡Cuidado con los excesos! En personas con enfermedades cardiacas, hepáticas o en tratamiento dialítico el exceso de agua podría conducir a edemas y dificultad respiratoria, por lo que se recomienda una ingesta restringida de líquidos.

La sal de mesa es la mayor fuente de sodio de nuestra dieta (> 90 %). Pero hay otra pequeña parte de sodio que se ingiere también a través de las comidas, y que se añade a los alimentos en los procesos de fabricación. Son los aditivos, saborizantes o conservantes.

Un exceso de sal no se puede eliminar por los riñones, de modo que se acumula en nuestra sangre atrayendo el agua e incrementa el volumen circulante. Esto provoca que el corazón necesite trabajar más fuerte para mover la sangre y se eleve la presión produciendo hipertensión arterial, entre otros problemas serios.

Es importante saber
La diabetes y la hipertensión arterial son afecciones que conducen a daño renal irreversible frecuentemente. De ahí la importancia de que cuidemos nuestra salud y hagamos chequeos preventivos.

La enfermedad renal crónica no produce síntomas hasta que no se encuentra en estadios avanzados y es difícil diagnosticarla sin pruebas de sangre u orina.

En personas con alto riesgo (diabéticos, hipertensos, mayores de sesenta años, etc) se recomienda revisiones médicas rutinarias.