Compensando a perdedores por TLC con los Estados Unidos

POR ARTURO MARTÍNEZ M.
Llegó el momento de la verdad, ya no es asunto de teorizar, una vez aprobado el TLC en los Estados Unidos lo único que nos queda es decir la verdad, con números concretos demostrar si como país ganamos ó perdemos en el corto y mediano plazo. Es necesario discutir los cambios internos que se producirán, porque independientemente de que el país gane ó pierda, también habrán ganancias y pérdidas para el consumidor, el productor y el fisco. Como a los temas se le saca el cuerpo, no se porqué, me propongo despejarlos con la mayor claridad posible.

En la literatura económica se acepta como análisis válido y realista el que se realiza en un contexto estático, aúnque no es el ideal. Nada aporta al conocimiento seguir diciendo que se producirán efectos dinámicos de importancia para el país, tales como que mejorarán los términos de intercambio, es decir, que en términos relativos mejorarán los precios de los productos que exportamos hacia los Estados Unidos, con relación a los precios de los bienes que importamos desde esa nación, porque eso estaría por verse en el largo plazo. En el largo plazo todos estaremos muertos, así  dijo Keynes cuando rechazó la lógica de los clásicos, que teorizaban en el sentido de que la recesión económica se corregía sóla, que era innecesaria la intervención gubernamental.

Pero tampoco aporta nada seguir argumentando que el tratado es bueno porque habrá una transferencia de tecnología, y que vendrán inversionistas desde los Estados Unidos y desde el resto del mundo para aprovecharlo, porque aúnque las posibilidades son altas, al final pueda que se produzca y pueda que no se produzca, porque dependerá de la política económica del gobierno actual, de los que tendremos en el futuro, pero también de los constantes y complicados intereses del socio grande en el norte. Pero tambien es perderse en un laberinto de ociosidad intelectual repetir y repetir, como para ser oído por la gente del norte, que el tratado es una buena oportunidad para el país, sin decir en qué consiste esa buena oportunidad. Lo real es lo tenemos de frente en este momento, me refiero a los posibles beneficios ó costos que como país tendremos en el corto plazo, y los cambios que se producirán entre consumidor, productor y gobierno. Lo demás es hablar por hablar. Vamos al grano.

Cuál es el estimado que se tiene del posible aumento de las exportaciones dominicanas hacia los Estados Unidos? En este aspecto hay muchos números, los economistas vivimos haciendo supuestos para modelar, y resulta que cada uno tiene su modelo preferido, dependiendo de la escuela donde se haya formado, siendo la razón por la que nunca coincidimos ni podemos predecir nada, absolutamente nada, pero no obstante doy mi número basado en mi modelo, para mí no sobrepasa los $230 millones de dólares. Me apoyo en que la gran mayoría de los productos que exportamos ya tienen acceso libre de impuestos a ese mercado, a través de la facilidad que otorga la Ley de Asociación Comercial con la Cuenca del Caribe (LACC). Hemos exportado, y seguiremos exportando a los Estados Unidos, productos intensivos en trabajo sin cualificación, un personal que recibe bajo salario. Es poco lo que adicionalmente conseguiremos.

Y el incremento de las importaciones desde los Estados Unidos, cual será? Bueno en este aspecto las cosas son diferentes, mi cálculo es que la creación de comercio, así con esa elegancia es que los economistas definimos el incremento en las compras, podría llegar a $400 millones. Son productos intensivos en capital, de mano de obra calificada que reciben un salario relativamente alto. Es decir, y aúnque haya alguna mejoría, las exportaciones adicionales dominicanas seguirán con un valor agregado relativamente bajo, contrario a lo importado adicionalmente, siendo el motivo por el que decimos y repetimos que no está claro que se produzca una mejora en los términos de intercambio, las evidencias más bien apuntan a lo contrario, por lo menos en el corto plazo.

Pero cuál sería el balance neto? Llevándome de mis números, de mi modelo y de los parámetros de mi modelo, el efecto neto del tratado de libre comercio con los americanos es un aumento en las compras dominicanas por $170 millones. Qué significa? Que los americanos saldrán ganando, lo que a nadie debe extrañar, porque el comercio entre un país fuerte y un país débil refleja las diferencias en recursos. Esto debe saberlo el gobierno, el congreso y el pueblo dominicano, es la realidad. Las pérdidas puede ser por un monto diferente, no lo discuto, pero lo cierto es que el  balance neto tiene un signo negativo para los dominicanos, sin importar el modelo que se use y los parámetros que se asuman. Los estudios del Banco Mundial y del BID no se atreven a decir que el balance comercial adicional será positivo, saben que no lo es, por eso se mantienen ponderando los posibles efectos dinámicos a que me referí más arriba. Se cuidan mucho.

Y los cambios en el orden interno, cuáles serían? En principio, y nuevamente bajo algunos supuestos, el consumidor dominicano ganaría porque bajaría el costo de lo que compramos en los Estados Unidos, por la eliminación de aranceles y barreras para-arancelarias en República Dominicana. Uno de los supuestos es que existe competencia en todos los mercados dominicanos, pero resulta que es una falacia, la verdad es que más o menos existe sólo en los mercados de algunos productos agrícolas, y sería en esos mercados donde se podría esperar que bajen los precios de los productos nacionales e importados. Lo anterior quiere decir que los beneficiarios serían, en gran medida, los intermediarios de los productos importados. La consecuencia sería el cierre de empresas que hoy fabrican productos similares que no podrán competir por razones de costos, reduciéndose ambos la producción y el empleo.

Cuáles serían las empresas que cerrarían sus puertas? Las que fabriquen productos con tecnologías no comparables con su similar americano, y de costos más elevados. Las empresas extranjeras tienen costos menores porque además aprovechan las economias de escala. Será el caso de empresas ubicadas dentro de las industrias de muebles, de prendas de vestir, de maderas, de papel, entre otras, sin dudas en esas industrias la producción y el empleo se reducirán de manera sensible en el mismo corto plazo, porque en promedio sus costos superarán los precios. Pero también se producirán bajas en las actividades y en el empleo de empresas industriales y comerciales por el desvío de comercio. Basta con un ejemplo en el sector comercial, el importador de vehículos que procede de europa y asia, en esa actividad se producirán bajas de empleos por la diferencia de costos de los vehículos, si procede de los Estados Unidos no paga el arancel y lo paga si su orígen es otro. Por lógica, aumentarán las importaciones de vehículos americanos. 

Qué hacer con los productores que serán desplazados? Como no es fácil calcular las pérdidas para todos los productores, además de que el gobierno tampoco tiene los recursos para compensarlos, lo recomendable sería elaborar una pequeña lista donde estén los más perjudicados, los que podrían salvarse si se reestructuran. Cómo escogerlo? Recomiendo seleccionar productos del agro y de otros sectores, donde no existan dudas de que su contraparte norteamericana tenga ventaja comparativa, pero también ventaja absoluta creada artificialmente. Se sabe que los subsidios han convertido a muchos productos americanos en “muy eficientes”, con ventaja absoluta temporal sobre los producidos en República Dominicana. Se justifica la compensación en esos casos, porque los productores dominicanos serían desplazados con malas artes, y no como resultado de una ventaja genuina en costos. Bajo esas condiciones no se debería permitir que las empresas criollas desaparezcan, porque tarde o temprano los subsidios desaparecerán y el país deberá pagar un mayor precio por los productos.

Y el gobierno, pierde treinta mil millones de pesos en doce meses? El gobierno dice que ese es el monto, y trabaja en una  reforma tributaria para compensar. Lo que debe saber es que la compensación reduce el beneficio del consumidor y del intermediario, y dependiendo de la carga impositiva, el beneficio podría desaparecer y llegar a convertirse en pérdida neta. De aplicar un impuesto muy elevado, el fisco se quedaría como el único ganador, en ese escenario el consumidor (y el intermediario) y el productor serían perdedores. De resultar así el tratado de libre comercio no tendría sentido, sería un retroceso y una pérdida de tiempo para los dominicanos. En cambio, si el impuesto no es muy alto y compensa al fisco por el monto que realmente pierde, y en el momento en que lo pierde, el único perdedor podría ser el productor, a quién se debería compensar de alguna manera. La lección del cuento que le he hecho al amigo lector es que el gobierno debe tener mucho cuidado con lo que pretende con la reforma tributaria.

El gobierno podría perder treinta mil millones de pesos pero en cinco años,  no en uno como pretende que se le crea. El fisco no necesita ser compensado en un plazo de doce meses como dice el gobierno, con treinta mil millones de pesos. De lograrlo, se estaría aprovechándo para sobre-compensar, porque no es verdad que la pérdida en un año es por ese monto. Me explico. De acuerdo con lo que dice el tratado de libre comercio, los aranceles que afectan el comercio entre República Dominicana y los Estados Unidos se desmantelarán en un periodo de 10 años, para productos no agrícolas, y entre 15 y 20 años para productos agrícolas. La excepción será el azúcar, que seguirá enfrentando un arancel en las aduanas de los Estados Unidos, es decir que en cuanto a ese producto los americanos no creen en el mercado. Pero hay más, el 80% de lo que hoy importamos desde los Estados Unidos, está establecido que entrará libre de impuestos en los primeros cinco años de vigencia del acuerdo, llegando al 100% en 10 años.

Qué significa lo anterior? Que el desmonte arancelaria no tiene que ser de golpe, entonces una posibilidad que debe discutirse es una reforma impositiva que establezca cambios en el tiempo, para que produzca adicionalmente treinta mil millones de pesos, pero en cinco años. Si para la República Dominicana el tratado entrara en vigencia en enero del 2006, por arancel el fisco perdería un estimado entre dos mil y  cinco mil millones de pesos en el 2011, y el estimado lo hacemos considerando que en la actualidad de las compras externas el 50% procede de los Estados Unidos. En cuanto a los renglones, por la importación de vehículos procedentes de los Estados Unidos, el arancel que se perdería se estima en dos mil cien millones de pesos, por las compras de combustibles minerales setecientos treinta millones de pesos, por la compra de productos químicos seiscientos sesenta millones de pesos, por productos de hierro, acero, aluminio cuatrocientos millones de pesos, por la importación de madera y papel trescientos millones de pesos, todo en cinco años y no en doce meses. Otra cosa diferente es el recargo cambiario, un impuesto odioso que nunca debió existir, que si se desmantela de golpe es porque el FMI lo exige. Lo quiero puntualizar es que para la reforma tributaria es necesario poner cada cosa en su sitio, para no sobrecargar de impuestos a los consumidores y a los empresarios. 

Si la reforma tributaria es por treinta mil millones de pesos adicionales en doce meses, está claro que se sobre-compensa al gobierno, quedando neutralizada la posible ganancia del consumidor (y del intermediario), siendo perdedor al igual que el productor. En cambio, si el gobierno se decide a compensar sólo los impuestos que pierde, y hacerlo a medida que se produzca la pérdida en el tiempo, dentro de los cinco años, con una reforma tributaria que cargue al consumidor todo el costo como es la costumbre, el consumidor no pierde pero tampoco ganaría nada con el tratado de libre comercio, debería olvidarse de espejismo, porque su estado ingreso-egreso sería el que tenía antes del tratado. Lo que si está claro es que su situación sería mejor que con una reforma tributaria que procure treinta mil millones de pesos en doce meses. En razón de que para compensar no se necesitan los treinta mil millones de pesos en doce meses, y que no se está pensando, como debió ser, en buscar los recursos para financiar el déficit cuasi fiscal del Banco Central, entonces lo recomendable es que se haga una reforma tributaria que equilibre la carga y que incentive las actividades económicas, en la seguridad de que en el mediano plazo el gobierno recaudará mucho más. Es decir, que se procure los treinta mil millones de pesos pero en cinco años, y que el consumidor no sea el que cargue con todos los costos. El gobierno inventa cuando pretende que se le apruebe un impuesto de 4% sobre las importaciones, para luego deducirlo del impuesto sobre la renta, ese mecanismo no existe en ningún otro país. Es una contra-reforma ampliar de 25% a 30% el impuesto sobre la renta, cuando debió plantearse lo contrario, que el impuesto sobre la renta de las personas físicas y naturales sea de pocas tasas, que la máxima no pase de 15 por ciento, y que sean pocas las personas que califiquen para exclusión. Nadie tendría motivo para evadirla, y su productividad sería alta. Lo anterior acompañado de una estructura arancelaria con pocas tasas y bajas.

Para que se cobre, las ganancias de capital deberían pagar una tasa pequeña, y en lo que se refiere al ITBIS, no creo necesario aumentar su base para incluir los alimentos, la educación, la salud, en teoría seria bueno que todas las actividades paguen, pero las que existen en este momento son concesiones inevitables, dado el retroceso que ha experimentado el ingreso medio de los dominicanos, y los problemas de alimentación, educación y salud que se acumulan. Que se mejore la recaudación de lo que existe, porque de todas maneras tenemos cinco años para ver lo que pasa. En cuanto al impuesto selectivo al consumo de bebidas alcohólicas, gaseosas, combustibles, cigarrillos, automóviles, podrían subirse pero no de golpe, lo recomendable es que se haga dentro del plazo de los cinco años. No puede permitirse el sobrecargo de impuestos, es tiempo de racionalidad fiscal, lo  evita la participación directa, sin representación inorgánica, del productor y el consumidor. El primero tiene más de un interlocutor, pero el consumidor no está presente en las discusiones, porque el gobierno sólo defiende sus impuestos. La mesa está coja, y de continuar así el resultado estará necesariamente desbalanceado.

Es inevitable que se aplique en República Dominicana el tratado de libre comercio, es un asunto de urgencia económica y de geopolitica que interesa a nuestro socio del norte. Cruzamos tiempos difíciles de entender, de objetivos políticos entremezclados con intereses económicos, tanto por aquí como de parte de nuestro principal socio comercial. Es un error de los que tienen capacidad para pensar conformarse con la teorización y con la insinuación de nada, con frases cortas que a nadie orienta. No estoy diciendo que el intelectual deba trabajar para subvertir una realidad que como agua endiablada avalancha, conforma su cause, ya eso tiempos pasaron, lo que digo es que no cumple con su deber cuando calla cuando tiene que hablar, y este es el momento de opinar. Sin importar a lo que se exponga, su responsabilidad es plantear la situación como la vé honradamente, si es que no quiere terminar como espectador e irresponsable en un proceso cierto en el corto plazo, porque produce pérdidas para el país, e incierto en el largo plazo, porque no se sabe si las pérdidas se recuperan o aumentarán.