¿Complicidad o descuido?

Pienso que a nadie le extraña que la leche que se les sirve a los niños en el desayuno escolar tenga deficiencias de vitaminas, minerales o de lo que sea. ¿Por qué? Porque tradicionalmente la Secretaría de Estado de Salud Pública no ha cumplido con su deber.

No importa lo que diga el Secretario de Salud, lo cierto es que no hay ningún control ni mucho menos seguimiento sobre la calidad de los alimentos que consumimos.

¿Acaso alguien cree correcto que en el año 2008 continúe la venta de comestibles, dulces, refrescos, jugos sin ningún control de higiene de autoridad alguna?

En la vieja Rentas Internas, Marino Castillo (Castillito) decía que los dominicanos estábamos vivos “porque Dios es grande y el aire es gratis”. Aún ambos factores son importantes para nuestra supervivencia.

Lo malo es que a ellos se han sumado otros factores adversos para la salud pública, los cuales son desatendidos de manera olímpica mientras los funcionarios no ejecutan su trabajo ni medianamente bien.

Lo mismo ocurre con el relajo que involucra a tanta gente en la cadena de compra, importación, falsificación, fabricación, distribución y venta de medicamentos. La frontera dominicana es una de las más porosas del mundo por la acción o inacción de autoridades haitianas y dominicanas. No haga caso de lo que digan las autoridades. Casi siempre es mentiras. Hay grandes negocios sucios a través de la frontera. Hay aduaneros, militares, policías, autoridades de Salud Pública, importadores y distribuidores de medicamentos, médicos y farmacéuticos y dueños de farmacias que trafican con medicamentos falsificados.

Los alimentos enlatados cuyos envases están abollados, hundidos o tienen óxido en los bordes de los mismos, no deben ser vendidos y usted los ve con frecuencia en los especiales de supermercados.

Fue La Manicera la que descubrió que aquel aceite de “maíz” que invadió el mercado nacional a precios bajísimos con relación al excelente aceite de maní de producción nacional. No fue Salud Pública, porque no les interesa la calidad de los alimentos. La Manicera determinó que el aceite no era de maíz, pero lo vendían como tal. El manejo de los alimentos crudos en los mercados del país es una de las peores demostraciones de descuido y vagabunderías de autoridades de Salud Pública.

Los carniceros, sudados, sin camisa, cargan en sus espaldas los trozos de carne de vaca, como si fuera un ejercicio de falta de higiene.

Otro de nuestros problemas es que quien tiene que respetar y hacer respetar la ley, en demasiados casos, actúa para sí, sin respeto por los demás y en ese caso es complicidad. Algún día les tocará la vara de la justicia. No les quepa duda.