Comprar perros prietos

Federico  Henríquez Gratereaux

“Hay que ser fuerte, aunque uno sea débil”. Eso me dijo un anciano, cliente habitual de una taberna de Gascue. “Las cosas se arreglan con pastillas de vitaminas o con chalecos antibalas”, añadió enfáticamente. –Tengo un bastón con estoque, un revolver viejo y un garrote detrás de la puerta. ¡No me cogerán asando batatas! En el peor de los casos, no me matarán sentado en una bacinilla. Ahora vivimos en el reino de la sinvergüencería; entre politiquillos y traficantes de narcóticos. Llamar a la policía y llamar al diablo es lo mismo; pero verla venir es peor que tocar el rabo del demonio. Cuando la policía ronda se acaba la tranquilidad del barrio donde vivo.

–¿Por qué estamos obligados a vivir entre delincuentes, políticos abusadores y haitianos indocumentados? ¡Tantos hombres jóvenes y vigorosos como hay y no se atreven a hacer algo para cambiar esa situación! No digo todas estas cosas pensando únicamente en mí; lo digo por mis hijos y vecinos que “tienen la vida por delante”, como decía mi difunto padre. A mi edad, puedo morir hasta de un susto. Con que este trago me acelere las pulsaciones, sería suficiente. Pero no me dejaré vencer con facilidad. Como bien, no bebo en exceso; doy caminatas con un perro prieto que se llama Moquillo.

–¿Qué edad tiene Moquillo? pregunté, por seguir la conversación con el hombre. –Oh, sólo tiene dos años, es un perro joven que le marcha a las perras en calor; es su único problema; si huele a las perras, abandona sus deberes de guardián. –¿De qué raza es? –Bueno, es un perro mezclado; pastor alemán con viralata, pero grande, fuerte y prieto. Es un perro policía que asusta a los policías y me despierta a mí cuando intentan robar en la casa.

El viejo se levantó y caminó derecho hacia el baño de caballeros. El “bar-tender” aprovechó para decirme: don Simón, el bravucón, tiene un perro prieto feísimo, pero más inteligente que un legislador dominicano. Dice que su perro no necesita alimentos especiales; que solamente una vez lo ha llevado al veterinario. –¿Tiene tanto miedo don Simón que anda con ese perro prieto? –Creo que es para protegerse de los atracadores.