Con el país quedando atrás

Lo que deje de hacerse hoy para tener las bases y herramientas apropiadas al desarrollo tecnológico, mañana pesará más que el plomo. Saber leer y escribir es solo el comienzo de formación en la lucha por la vida. El joven desconectado de los recursos digitales, sin lo mínimo para adaptarse a la Era de la Información y las opciones de lo cibernético, estaría deplorablemente “out”; con poca preparación para la vida productiva. En lo que acaba de apuntar Juan Luis Lozada, un gurú regional de las funciones educativas de Microsoft, queda de relieve que en República Dominicana existe gran distancia entre el sistema de enseñanza y la esfera digital; y sucede que el mejor apoyo a la enseñanza lo brindan ahora las computadoras. Es el déficit de desarrollo que llaman brecha digital.

En el país existe un sector numeroso que sufre marginación, con niños y jóvenes integrados a una escolaridad de baja calidad y privados de la posesión de computadoras y de acceso a la red. Con muchos chicos que desertan temprano del aula; un país de centros de Internet públicos que se deterioran a la carrera por toda la geografía después que un buen dinero de los contribuyentes fue utilizado para desarrollarlos. Perjudica mucho, en adición, que aquí exista uno de los servicios de Internet más caros del mundo, combinado con la crueldad de que el ingreso promedio de gran parte de los dominicanos está por debajo de la media hemisférica.

Un caso muy, muy pendiente

El exnuncio apostólico Josef Wesolowski huyó del país el año pasado señalado desde el propio clero como presunto autor de abusos a menores y jóvenes cuyos servicios sexuales seducía con dinero a la sombra de la noche en el entorno del monumento a Montesinos. Tras divulgaciones escandalosas de la prensa de investigación con testimonios de adolescentes sobre los hechos, el país se lanzó a reclamar justicia.

Se completaron expedientes con interrogatorios con la legítima aspiración de que el exdiplomático en fuga fuera objeto de la sanción penal que mereciera de ser hallado culpable en juicio oral, público y contradictorio, apelándose a las vías diplomáticas para canalizar el reclamo de acciones judiciales. Saber que Wesolowski ha sido visto en libertad, como un transeúnte ordinario por una concurrida avenida de la capital italiana, resulta inconcebible y causa preocupación.