Con Trump y Brexit se acerca fin de independencia banca central

Home Secretary Theresa May

Con la llegada de Donald Trump al poder de Estados Unidos y con el Brexit se acerca el fin de la independencia de los bancos centrales y, como consecuencia, la pérdida de influencia de los macroeconomistas académicos.

Así lo entiende Wolfgang Munchau, de Financial Times, quien explica que “la independencia de los bancos centrales se basa en dos condiciones. La primera y más importante es que hay un amplio consenso sobre los objetivos de la política monetaria. La segunda es que el comité de un banco central independiente puede cumplir esos objetivos”. Afirma que la primera de estas condiciones se ha roto” y “la segunda se enfrenta a un elevado nivel de incertidumbre”.

Recuerda que según el consenso de 1989-2016, o edad de oro de la globalización financiera, los bancos centrales debían tener como objetivo una inflación de bajos tipos positivos. “Esto fue respaldado por teorías macroeconómicas desarrolladas desde los años ochenta. Parecía lógico que una nueva generación de economistas, entrenados por una nueva generación de modelos económicos, ofreciera a la sociedad los objetivos que le interesan, libres de las presiones de la política”, explica.
Sin embargo, la publicación llama la atención hacia el hecho de que Trump ha desafiado abiertamente ese consenso. “Sus asesores económicos han dicho a Financial Times que la Fed de EE.UU. ha creado una “falsa economía” y que el Presidente electo quiere que alguien con su misma visión se sitúe al frente de la Fed”, agrega.

Asimismo, indica que la primera ministra británica, Theresa May, hizo un argumento casi idéntico con sus críticas al Banco de Inglaterra cuando advirtió de los “efectos secundarios negativos”.
“En ambos casos, los políticos buscan un cambio en la ecuación fiscal-monetaria: con una política fiscal más relajada y una política monetaria más dura”, precisa. Observa que en la eurozona, el consenso a favor del objetivo del BCE, una inflación por debajo del 2%, es demasiado frágil, aunque por distintas razones.
El establishment económico alemán nunca creyó en ello. Jürgen Stark, antiguo miembro del Comité Ejecutivo del BCE, asegura que los tratados europeos solo hablaban de la necesidad de mantener la estabilidad de los precios; no daban ningún poder al BCE para que trasladara este mandato en un objetivo de inflación numérico.
Su argumento es que una tasa de inflación de entre el 0 y el 1%, como la actual, es perfectamente coherente con la noción de estabilidad de los precios. Como resultado, no hay argumento para que los tipos de interés negativos impulsen la inflación, por no hablar ya de la relajación cuantitativa y otras políticas extraordinarias.