Concertación útil/2020

Guido Gómez Mazara.
Guido Gómez Mazara.

Los procesos electorales tienden a caracterizarse por una altísima dosis de pasión que obstruye el juicio racional y sereno. En el terreno práctico, los votos no exhiben carga ética ni los resultados se pueden medir desde una perspectiva purista porque lo inteligente es que las sumatorias para la victoria sirvan de canal para las transformaciones anheladas por la sociedad.
Aquí la ciudadanía desea un cambio. Y la fragmentación del sector oficial produce un escenario que debe ser asumido con el sentido de responsabilidad institucional capaz de conducir por los senderos de un pacto útil a los actores principales, sus fuerzas partidarias y sectores sin vinculación con la formalidad de las organizaciones tradicionales. Renunciar a los egos, implica colocar en primera línea el interés por el país y estimular una nueva modalidad del ejercicio público que nos devuelva la confianza en un liderazgo que tiene colocado al sistema de partidos en graves problemas respecto de su credibilidad.
Creernos con el monopolio de la decencia no es un acto prudente. Y es que, si los actores políticos tienen una cuota de responsabilidad, serán los llamados a restaurar la fe ciudadana en la política. De paso, las sociedades que creyeron lógico el desplazamiento puro y simple del orden partidario terminaron haciendo del “outsider” la fuente de mayor perturbación democrática porque existen vengadores sociales con capacidad de esconder en sus reclamos éticos y virulencia anti-sistema un vendaval de resentimientos que dañan las instituciones.
Existen legítimas preocupaciones para los eventos electorales pautados para febrero y mayo del 2020. Por eso, la estructuración de una montaña de votos representa la auténtica posibilidad de impedir que los hábitos clientelares sirvan de trampolín para darles categoría presidenciable a ciertos aspirantes con taras elementales para el digno desempeño. Y desde siempre, los dominicanos estamos en capacidad de evadir las maromas de un sector que intenta perpetuarse por los riesgos procesales que genera la salida del poder del grupo gobernante. Sumar es tarea común porque detenernos en culpabilidades siempre será la raíz de distanciamientos que terminan dividiéndonos, alejándonos y trastornando las voluntades indispensables para el cambio.
Luis Abinader y Leonel Fernández saben que una concertación decente no tiene que esperar las elecciones municipales, congresionales y presidenciales. Reitero, no es reproducir el viejo molde de reparto vulgar de cuotas, sino ambientar mecanismos que traduzcan en la sociedad un cambio que resulta impostergable debido a una genuina combinación de hastío e ira acumulada. Ahora bien, la victoria no se edifica con fuerzas “químicamente perfectas”. ¿Acaso los barbudos que llegaron a La Habana el 1 de enero de 1959 no sumaron fuerzas adversas a su retórica revolucionaria? ¿Juan Bosch no aprovechó el discurso incendiario de Viriato Fiallo y los siete látigos para conquistar sectores antagónicos a UCN? ¿No pactó Nelson Mandela con franjas conservadoras alarmadas por los excesos del apartheid en su país?

El país desea un cambio, y se consigue sumando votos y actores políticos indispensables para el triunfo.
Para evitar interpretaciones incorrectas y prejuiciadas, siento la pertinencia de un acercamiento consistente en: a-) que ambos candidatos no se agredan en el marco de la campaña electoral, b-) construir alianzas en los ámbitos municipales y congresionales para evitar que el gobierno consiga mayoría, c-) estructurar entendimientos alrededor de reformas institucionales a ejecutar por el que resulte electo presidente, d-) en un escenario de segunda vuelta, el que llegue en primer lugar debe ser respaldado por el otro, y e-) comprometerse a que el compañero/a de boleta del candidato ganador en primera vuelta posibilite un entendimiento para el escenario de segunda vuelta.

Las transformaciones institucionales no pueden edificarse desde una óptica aislada. Por el contrario, todos juntos. Lo de Leonel Fernández es insostenible en el PLD y Luis Abinader acaba de dar señales de inteligencia, desde un PRM que exhibió un real sentido de competencia inteligente y racional por la candidatura presidencial. Al candidato del gobierno, tenemos que derrotarlo. De ahí, lo urgente de un acuerdo de cara a la ciudadanía con el único objetivo de devolverle a la democracia los niveles de respetabilidad perdida.