Confiando en la agenda divina

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Hace tan sólo unos días, inicié un alucinante itinerario que culminaría en un emocionante entrenamiento en “Rituales sistémicos” con Daan van Kampenhout, un hombre al que admiro mucho. La primera vez que supe de él fue a través de su libro “La sanación viene desde afuera”, en el que mostraba planteamientos completamente novedosos para mí, en los que superponia elementos del trabajo de Constelaciones Familiares en los rituales de Sanación Ancestral que practican los chamanes.

La gran emoción que me embargaba por ir al entrenamiento con Daan, se amalgamaba con una serie de estremecedoras noticias que abarcaban a mis compañeros de viajes: accidentes, muertes, graves enfermedades y robos, les llevaron en una dirección distinta a la que planificamos juntos. Al quedar sola en el plan, muchas preguntas empezaron a bailotear en mi cabeza, como mariposas estrenando la energía de la primavera. Aún así, en algún lugar de mi interior estaba convencida de la trascendencia de lo que me ocurría. Algunas personas podrían llamar a esta sensación “fe” o “confianza”.

La palabra confianza viene del prefijo latino “con” que expresa “ir junto a” y la palabra “fides” que significa “fe”. ¿Cómo estar confiada mientras todo se tambaleaba a mi alrededor? Buscando un poco de claridad visité al padre Jaime. Luego de escuchar mi relato me dijo: “Karina, confía en que Dios tiene planes contigo. Quizás, te ayude recordar el paso #1 de AA en que reconocemos nuestra impotencia y nos rendimos al Poder Superior de Dios”.

Él también me dijo que creía que yo estaba siendo enviada a un desierto para purificarme antes de entrar en tierra nueva. Me sentía como una niña que se queda inmóvil al ver destrozado el valioso jarrón que cae a su lado, sin que ella haya tocado la mesa en que descansaba. ¿Estaba viviendo algún tipo de prueba?

Una vez leí que en algunas sociedades de características tribales, al cumplir los 13 años los jóvenes son llevados por sus padres a la selva, en donde deben pasar la noche con los ojos vendados. Es tanto -y tan grande- el respeto que estos chicos sienten por los ritos de su tradición, que ninguno se quita la venda de sus ojos hasta que los hombres de la tribu regresan para retirárselas a la salida del sol.

Mediante este rito de paso, muchos pueblos originarios inician al niño en la vida de los adultos. Gran parte del valor de esta ceremonia consiste en tocar el miedo de una forma tan intensa, que se transforme en valor. Sólo cuando le toca acompañar a la selva a otro púber, que igual que él tendrá que vivir la experiencia de enfrentarse con su miedo, se entera del secreto: todos los hombres de la tribu se quedan en silencio acompañándolos en la oscuridad.

Para hacer el proceso más real, se les hace creer a la madre del chico y a las mujeres y niños de la familia, que los novicios realmente quedarán vendados y abandonados a su suerte en la espesura de la selva. A la progenitora del púber se le acompaña en el “duelo”, aumentando el dolor que sufre por la posible pérdida de su vástago. En casos así, lo único seguro es volver la mirada al espíritu.

Al igual que esos antiguos ritos de iniciación en los que las personas ganan fuerzas, los rituales sistémicos nos ponen en contacto con las energías ancestrales en un ambiente amoroso y seguro, tonificando nuestra vitalidad y entusiasmo. Adicionalmente, aportan la innegable evidencia de que formamos parte de inmensas redes de relaciones que nos sostienen, lo que se traduce en tranquilidad, confianza y sostén.

Sólo he cumplido dos de los ocho días de entrenamiento con Daan, y puedo decirte que ha sido uno de los regalos más extraordinarios que me he hecho a mi misma. Estoy plenamente convencida de que mi ego nunca me hubiese dado el permiso para emprender esta travesía. A él no le gustan las experiencias colectivas, los sacrificios, la incertidumbre, las pruebas, ni la vulnerabilidad.

Más bien, el ego disfruta el perfeccionismo, el control, la independencia, la autosuficiencia, la zona segura y el poder que siente cuando cree que está al mando de lo que ocurre. No, este tipo de viajes sólo están en la agenda de Dios, y me siento muy orgullosa de mí misma por seguir adelante con los planes.

La diferencia entre seguir los planes del ego o los planes del espíritu es que al seguir los planes del ego no encontramos calma para nuestras dudas e inquietudes. En cambio, al seguir los planes divinos podemos avanzar con calma a pesar de las preguntas. Con frecuencia, las pruebas no son para mostrarnos nuestras debilidades, sino para que podamos mirar y perfeccionar nuestras fortalezas.