Confirmando lo absurdo

Confirmando lo absurdo

Guido Gómez Mazara

El 15 de marzo del 2020, la sociedad reaccionó con bastante indignación como resultado de la posposición del proceso electoral.

En un hecho sin precedentes y de enorme perturbación para el ritmo democrático, toda la estructura institucional de la Junta Central Electoral (JCE) no pudo organizar las elecciones municipales generando una dilación de todo el calendario y gastos que alcanzaron 5 mil millones de pesos.

Un país construido sobre un régimen de consecuencias hubiese producido resultados penales de conformidad con la perturbación de los comicios.

Aquí, desafortunadamente seguimos apostando al silencio cómplice. Ahora bien, de la inexplicable falta de sanción a la ratificación de los responsables materiales del bochornoso acontecimiento existen razones para la exaltación cívica e indignación.

Resulta alarmante que, en el marco del funcionamiento de los acuerdos y pactos intrapartidarios, las organizaciones fundamentales mantuviesen una extraña pasividad, permitiendo la ratificación del personaje central de aquella tragedia y director de elecciones de la JCE: Mario Núñez.

Lo grave es que las figuras que ejercen la gestión fundamental dentro del organismo electoral alcanzaron sus posiciones y respaldo ciudadano porque sus hojas de vida garantizaban un respiro ético en el marco de desempeños desafortunados de los anteriores titulares.

Y ahora, el retrato hablado, de estimular vía una ratificación al funcionario responsable del nefasto proceso electoral representa un punto de impugnación en núcleos del país en capacidad de observar y cuestionar el régimen de complicidades que se expresan en los circuitos de la política y desde la institucionalidad se validan, en un pleno que parece obediente a las conveniencias partidarias y desdeñoso de las aspiraciones de transparencia.

Qué señal le enviamos a la nación. ¿Acaso podría generar confianza un pedófilo al frente de CONANI? ¿Tendría certeza darle a Morrobel el premio nacional de literatura? La preservación de Mario Núñez en la coordinación de los trabajos en el ámbito de lo electoral es un golpe a la sed de decencia, pero también crea las condiciones para que los actos ejercidos desde su área de trabajo sean pasibles de impugnación legal, básicamente porque descansa en la Procuraduría General un expediente relacionado con el desempeño de 4 extitulares y 8 funcionarios de la pasada gestión.                        

Muy mal por la JCE, y peor su preservación en el puesto que, en el terreno de los hechos, constituye un estímulo a lo incorrecto y validación del bochornoso espectáculo de posposición del proceso electoral del año pasado. ¡Oh, mi Dios!

Mario Núñez fue responsable del fracaso elecciones municipales 2020

Ratificación como director Elecciones es un estímulo a lo incorrecto

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