Congestión urbana El Ayuntamiento del Distrito Nacional ignora el problema

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El caótico tránsito de vehículos livianos y pesados, de ruidosas motocicletas, la ocupación de aceras y contenes por trullas de comerciantes, buhoneros, “maruseros”, vendedores de alimentos, han convertido a la avenida general Juan María Lora Fernández del sector Los Ríos en un ruidoso y confuso infierno vial para cientos de ciudadanos que residen en el proyecto La Yuca, urbanización Colinas del Seminario y otros residenciales de Arroyo Hondo.
Antes, cuando el tránsito vial no era tan intenso, caótico y desordenado, esta avenida que lleva el nombre de un héroe nacional abatido en la revolución de abril de 1965, jugó un rol importante en esos acontecimientos que degeneraron en la segunda intervención militar de los Estados Unidos a República Dominicana. Pero la circunvalación hace años dejó de ser una vía de desahogo. Al contrario, los conductores de vehículos se sofocan. Es una odisea circular por allí.
El problema tiene otro agravante: en el sector Los Ríos hay centros de salud de mucha importancia por la cantidad de pacientes que reciben a diario: El Instituto Dominicano de Cardiología y el Instituto Nacional de la Diabetes (INDEN), ubicados en la calle Paseo del Yaque. El espacio en el entorno de estos centros de salud es un permanente conflicto por la gran cantidad de vehículos que se estacionan en la parte frontal y los alrededores. En el área operan negocios de venta de ropa usada instalados en las aceras. Otros negocios venden comida “rápida” a 125 pesos el plato del día. Se ha hecho caso omiso a varios reclamos a la Autoridad Metropolitana del Transporte (AMET) y a la Dirección de Defensoría y Uso de Espacios Públicos del Ayuntamiento del Distrito Nacional.
La saturada avenida se ha convertido en arteria comercial. Decenas de pequeñas tiendas de ropa nueva y usada operan a lo largo de la vía. También florecen los negocios de alimentos, bebidas alcohólicas, gomeros, ferreterías, barberías, farmacias, colmados, tiendas de venta y reparación de celulares, quioscos y heladerías. El volumen y variedad de negocios atrae a todo tipo de clientes.
Don Ernesto Aquino, usuario cotidiano de la avenida, siente rabia e impotencia porque, según dijo, “cada día despierto con un terrible dolor de cabeza cuando pienso que si no salgo de mi hogar antes de las siete de la mañana el taponazo que se origina no me deja avanzar. Lo mismo ocurre en las avenidas troncales, como la Jhon F. Kennedy, Winston Churchill, Abraham Lincoln. No hay escape. Es como estar encerrado en un espacio donde hay poco aire para respirar. Eso me enferma y terminará llevándome al otro mundo. Pienso que un día voy a estallar como una chicharra y me quedaré pegado del guía”.
Al problema del estacionamiento indiscriminado de propietarios de vehículos y la ocupación de parte de la avenida por parte de comerciantes, buhoneros y maruseros que exhiben en las aceras y casetas ropa usada, guagüitas anunciadoras que trastornan la paciencia de la gente, taxistas imprudentes, vendedores de alimentos que obstaculizan el paso de peatones, o se estacionan en cualquier espacio de la vía pública y motonconchistas que se adueñan de las esquinas, forman un “sindicato” y estrechan el espacio para la circulación de vehículos.
La generalidad de los comerciantes, buhoneros, motoconchistas, conductores de “volaras” y carros del “concho” que operan en la ruta de la avenida circunvalación de Los Ríos desconoce quién fue el general Juan María Lora Fernández.
¿Sabes quién fue ese gran hombre?, se le preguntó a una vendedora. La respuesta: ¿Qué se yo? Eso no me deja cuarto. Esto (el negocio en la acera) me da pa’ comer yo y mis hijos”. Un chofer del concho fue más original al responder que “yo no sé quién fue ese carajo, ni me importa”.
Lora Fernández
El general del Ejército Nacional Juan María Lora Fernández, héroe y mártir de la Revolución de Abril de 1965, nació en la comunidad Higüerito, en Moca, el 30 de Abril de 1926. Fue un hombre sencillo, de origen humilde, solidario, disciplinado, justo y valiente y, sobre todo, padre ejemplar, comprensivo, recto, responsable, abnegado y amoroso.
El 22 de diciembre de 1955 contrajo matrimonio con Dulce Yolanda De León Aliés, (fenecida), con quien procreó a sus hijos Juan Manuel, Dulce Roselia, Dhania Yvette y Carmen Yolanda Lora de León. Murió el 19 de diciembre de 1965, en los acontecimientos heroicos ocurridos en el Hotel Matum, en Santiago de los Caballeros.