Congos de Villa Mella, herencia africana en Santo Domingo

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EFE REPORTAJES. a Cofradía del Espíritu Santo de los Congos de Villa Mella -una hermandad compuesta por músicos y cantores- se constituye en una significativa muestra del valor de las costumbres y tradiciones que los esclavos africanos llevaron al Nuevo Mundo, y en especial a  República Dominicana.

La importancia de la Cofradía fue reconocida el 18 de mayo de 2001, cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la declaró “Patrimonio oral e intangible de la Humanidad”.

Los Congos de Villa Mella, como son popularmente conocidos, están compuestos por varios grupos que celebran las fiestas del Espíritu Santo y de la Virgen del Rosario, así como las ceremonias fúnebres de los miembros de la Cofradía.

Este último rito se ejecuta al noveno día del fallecimiento, también cuando se cumple un año de la defunción, en lo que se denomina “cabo de año”, y a los tres, cinco o siete años del deceso (tiene que ser número impar), conmemoración conocida como “banco”. En la celebración del “cabo de año”, los deudos levantan un túmulo decorado con papeles de color morado y blanco en el que se coloca la foto del difunto, en tanto que las celebraciones del “banco” incluyen la quema del altar y la ejecución de los “toques de la viuda”, que sólo bailan los dolientes, algunos de ellos en un estado que definen como de “posesión” por el fallecido.

Así, los Congos se reúnen para, tomando ron y fumando tabaco sin cesar, producir un interminable ritmo sacado de tambores, maracas y la canoíta -un instrumento a base de madera con mango y hendiduras en su centro- mientras hombres y mujeres contornean sus cuerpos sudorosos en una eufórica danza libre.

Tradición.  De acuerdo a la tradición, el Espíritu Santo entregó los instrumentos a los primeros congueros al inicio de la colonización en un lugar que hoy se conoce como Villa Mella, principal conglomerado del municipio Santo Domingo Norte, contiguo a la capital dominicana.

Se conoce que también existieron congueros en sectores aledaños como Los Mina, Mendoza y Mandinga, entre otros.

“Los Congos son mucho más que baile y cantos, es una expresión sobre la vida, la muerte, la sociedad, la naturaleza, es una manera de ver la vida que nos enseña una visión colectiva de vivir y participar que dejaron como herencia los primeros esclavos de América”, explica a Efe el sociólogo Dagoberto Tejeda.

Refiere el experto que en la parte superior de los altares figura “calunga”, la diosa del mal.

Donde hay un grupo de Congos, por lo general también existe un “punto” o gran altar con deidades del mundo mágico-religioso como el que opera desde hace ocho años Iván Rafael Brazobán. “Estos espíritus están en falta en el reino de los cielos y utilizan personas como yo para hacer el bien aquí en la tierra y algún día volver a ganarse el favor de Dios y regresar a su lado”, afirma este hombre de voz serena y gruesa. Su “punto”, una habitación calurosa y oscura, tiene imágenes de santos del catolicismo que rodean a la Virgen María.