Congos de Villa Mella, René Carrasco… “toque
de palos…”

REGINALDO ATANAY
Nueva York.-
A veces uno como que quisiera crear una selva en un lugar cercano a la ciudad, para meterse de vez en cuando en el pasado o atraer energías de tiempos idos, de los que están guardados en los archivos de la vida, para vivirlos.

Porque irse a Villa Mella, y allí, en un lugar que no sabemos y que a lo mejor no está allí, oír el “toque de palos” es evocador. Ese toque augusto, serio y seco que se mete en los árboles atravesando la corteza, bajando a la raíz, y subiendo a la copa y luego estallando en el espacio, como poniendo en toque de oración a gentes, caballos, burros y vacas, perros, gatos o cocuyos.

En Villa Mella palpita la organización denominada Hermandad del Espíritu Santo, o como les conocen otros: “Los Congos de Villa Mella”. La sangre de muchos de ellos es la misma que la de sus abuelos lejanísimos que fueron llevados a esos sitios, en función de esclavos, cuando comenzaban a componer el Nuevo Mundo.

No los hemos visto con los ojos físicos, pero los hemos palpado con tacto etéreo. Ese grupo, untado de tiempo viejo y silvestre, ha ido sosteniendo una tradición de decenas de años; de centurias. Y su afán de supervivencia cultural ha sido oído por la Organización de las Naciones Unidas que, como a la vieja ciudad de Santo Domingo de Guzmán, los ha proclamado “Patrimonio Cultural de la Humanidad”.

El “toque de palos” tiene un sonido sagrado; el instrumento es parecido al bongó, o a la tumbadora, pero más alto; y tiene un no sé qué, despierta los ancestros en cualquier persona que haya desarrollado a propósito o espontáneamente, algún capital síquico.

Al entrar ahora en ese tema, nos viene a la mente la figura de un folklorista consagrado quien hace años murió apuñalado por un delincuente en Santo Domingo: René Carrasco.

A René lo conocimos y tratamos; le hicimos varias entrevistas periodísticas y nos deleitamos, muchas veces, con sus espectáculos folklóricos que presentaba en su “Cueva Colonial”, que estuvo situada en la calle Arzobispo Meriño, a la vera de la calle Vicente Celestino Duarte, en el barrio donde precisamente, nació el Padre de la Patria Juan Pablo Duarte.

René vivió inmerso en el folklore dominicano. Lo estudió; lo estudiaba cada día y era un estudiante continuo, persistente y constante en ese menester, y escribió muchos artículos sobre el tema y descubrió muchas riquezas en ese mundo, las que iba mostrando y enseñando en sus espectáculos.

Porque Carrasco vivía, todo su tiempo de vigilia, en el folklore. La última vez que le vimos en uno de nuestros viajes a la Dominicana tierra, fue en una oficina de un edificio situado en la avenida 27 de Febrero. Nos encontramos casualmente (Anatole France dice que no hay casualidades), y tras el saludo amistoso, abordamos el tema de lo que siempre hablábamos: el folklore dominicano.

Y René, en su conversación, nos habló de algo que estaba escribiendo y preparando para montar en un espectáculo. No pudo contenerse; se puso de pie, y comenzó a zapatear un baile al tiempo que lo tarareaba.

Ojalá que un día de estos, los del Gobierno que bregan con la cultura se animen a poner el nombre de René a un algo folklórico dominicano. Se lo merece; vale la pena.

Porque a veces los dominicanos somos dados a engrandecer lo extraño y empequeñecer lo criollo. Ejemplo de eso es que en la ciudad capital hay imponentes avenidas con nombres de políticos extranjeros, algunos de los cuales se nos antoja pensar que nunca oyeron siquiera mencionar el nombre de República Dominicana.

Si no las han quitado, puede que aún estén en el Museo del Hombre Dominicano algunas cosas que vimos hace años, y que no son “de a verdad” del “hombre dominicano”; sino del haitiano. Allí vimos un altar con las divinidades de lo que se denomina “El Panteón Haitiano”. Trata sobre cultos a espíritus elementarios, como los llamados Metré Silí y Ana Isa Pie (“metresas”) ; Candelos (esa división cuenta siete); los ogunes, entre ellos Balenyó… los Legbá, con Papá Legbá a la cabeza, o los Guedés, bajo la jefatura del Barón del Cementerio. Esa es una cultura importada de Haití.

A los espectáculos de René Carrasco fuimos en más de una ocasión junto a un amigo ya ido, Manuel Marino Miniño Marión Landais, clarividente, ex director general de Bellas Artes y ex presidente del Instituto Duartiano. Miniño publicó varios artículos en los diarios dominicanos acerca del “Panteón Haitiano”.

Recordamos una noche en que ante un espectáculo folklórico en “La Cueva Colonial” Miniño nos decía: “nota cómo el ambiente medio se ensombrece al toque de palos…es que ese sonido ancestral atrae a seres no muy evolucionados que pululan por los montes…”

Meditación

Para la meditación de hoy: Averigua qué es lo que más te gusta; que de verdad te guste. Porque a veces, nos entusiasmamos con algo que creemos que nos gusta, y no es así, sino que es una “sensación pasajera”, en ocasiones provocada por la influencia de alguna fuerza ajena a nosotros. El ejercicio de la serenidad y la quietud, es el mejor campo de entrenamiento que podemos usar, para soltar sentirse atropellantes, como el miedo o la desesperanza.

Cuando uses una porción de tiempo para averiguar en ti lo que te gusta y quieres, no pasará mucho tiempo sin que lo descubras. Entonces, trabaja en ese sentido con el mayor de los entusiasmos. Es así como se van construyendo los éxitos.