Congreso Joaquín Balaguer

JUAN D. COTES MORALES
El Partido Reformista Social Cristiano, cuya dirección principal está en manos del ingeniero Federico Antún Batlle y de unos cuantos hombres esforzados que durante muchos años han tenido la responsabilidad, primero, de ser leales al pensamiento, a la obra y a la persona del doctor Joaquín Balaguer mientras éste se encontraba entre nosotros y, segundo, mantener la organización política sin escatimar esfuerzo alguno como verdaderos herederos del fundador y líder inolvidable del partido.

El programa de actividades y el plan de trabajo contemplan la celebración, durante los días 15, 16 y 17 de octubre, del Primer Congreso Nacional Doctor Joaquín Balaguer, a los fines de analizar y discutir una propuesta de reforma estatutaria y al mismo tiempo una reforma estructural del partido con miras a lanzar una plataforma programática e ideológica que le dé vigor al impulso con que debe ser relanzado el PRSC.

Después del Congreso el Directorio Central Ejecutivo procederá a juramentar a los nuevos miembros y a su vez la Comisión Ejecutiva discutirá y analizará sus conclusiones a los fines de someterlas a las asambleas nacionales ordinarias y extraordinarias, que serán celebradas durante el mes de marzo del próximo año 2005.

Para mí, que nunca fui un militante organizado ni un cuadro indoctrinado me resultaba extraño concebir el partido sin la presencia de mi ilustre amigo, Joaquín Balaguer. Sin embargo, cuando el presidente de la organización, ingeniero Antún Batlle, procedió públicamente a juramentarme y a motivar los orígenes de mi filiación, me sentí muy honrado por el recibimiento, los vítores y exclamaciones de los muy distinguidos asambleístas.

Dije en la ocasión palabras que han sostenido mis sentimientos y la inspiración de mi vida: uno está donde su corazón esté.

Este reencuentro de amistad política me hace muy feliz porque presiento que realmente me necesitan y sin lugar a dudas puedo realizar un trabajo muy eficaz. Eso vale mucho. Tanto, que se confunde la causa personal con la de los demás y se produce un haz de simpatías, identidad y colaboración indispensables para concitar la solidaridad de la membresía y los entusiasmos de la comunidad nacional.

Con fe, todo es posible. Así lo hizo Balaguer desde el año 1963.

Todos debemos imitar ese ejemplo de energía, dedicación, entrega, capacidad de trabajo, entusiasmo por la paciencia activa y desinterés personal.

Además, admitir de manera consciente y esencialmente política que el balaguerismo es una realidad ideológica que se debe imponer en el Partido Reformista de manera tan suficiente y basta como para demostrar que la impostergable reforma estatutaria y estructural de sus organismos de dirección es un imperativo que determinará la existencia de la organización.

Es natural que existan celos, egoísmos y hasta un poco de envidias porque hoy a quienes dirigen el partido se les imputan desteñidas y descoloridas subordinaciones lo mismo que mortificantes dependencias existenciales con la bonanza económica de algunos políticos muy ricos que en todas las épocas han hecho causa común con todos los gobiernos y con todas las organizaciones políticas.

La actitud del presente debe ser de compromiso con la sociedad por medio del crecimiento sostenido, desarrollo, organización y capacitación del partido que debe por nueva vez imponerse como el fulcro o fiel de la balanza que el equilibrio social requiere para garantizar la vigencia plena de nuestras instituciones democráticas, la paz social y la unidad y concordia de la familia dominicana.