Consideración a los venezolanos

Venezuela dijo presente y hasta recibió zarpazos a causa de la lucha libertaria de dominicanos cuando la dictadura trujillista campeaba sobre esta tierra, asiento de la nacionalidad fundada por Juan Pablo Duarte, padre ilustre que pasó los últimos años de su vida exiliado en la hermana república. Hoy la patria de Simón Bolívar vive un estado de calamidad, destrozada económicamente y sometida a la intolerancia de extremistas de izquierda. La magnitud sin parangón del éxodo que ha llevado a millones de venezolanos a residir fuera de su país deriva de una crisis social y política que tiene desmembrada a la sociedad a que pertenecen, envuelta hoy en padecimientos.

República Dominicana reprueba el despotismo allí imperante y forma parte de la alianza de países que reclaman el retorno de la libertad y la democracia al territorio sudamericano. Coherentemente, ninguna medida gubernamental de este lado del mar Caribe debería endurecer posiciones complicando trámites frente a la desesperación del pueblo venezolano. Preocupa la exigencia de visas a víctimas de un desastre político aunque suponga interés de evitar que el intempestivo flujo migratorio incluya personas de intención dañina en pesca de mar revuelto. Con visa o sin visa, y tras la drástica supresión de facilidades, los venezolanos urgidos ostensiblemente de refugiarse en esta latitud deben hallar hospitalidad.

El “secreto” que ya nadie guarda

El interés que en los continentes despiertan las playas y la hospitalidad dominicanas, y que permiten rápidamente a la industria turística recuperar su marcha ascendente tras nublarse un poco el panorama, obliga con más motivos a cuidar este tesoro tan conocido por el mundo, pero promovido alguna vez como arcano de escasísima visibilidad en estrategia para despertar ansias de descubrirlo.
Cotidiana anda todavía la aparición en el país de inversiones hoteleras como si no acabara de pasar una tormenta que llegó a ser tormento. A pesar incluso de que algunos entienden que las condiciones para hacer negocios no son un lecho de rosas para gestores nativos y extranjeros. Procede simplificar trámites, dar permanencia a reglas de juego y hacer desaparecer cada duda sobre la seguridad jurídica.