Consternados y rabiosos

HÉCTOR GALVÁN
Otra vez el terrorismo de la misma calaña de las políticas imperiales del G8 y especialmente de EU, ha provocado las mismas muertes de Bagdad. Otra vez han pagado los inocentes las culpas de los dueños del mundo, de los que contaminan, de los que matan, de los que subyugan las ilusiones.

No se sabe si este terrorismo tiene vínculos con el terrorismo que EEUU, el que ha permitido y subvencionado en su historia, apoyando y financiando a Posada Carrilles y a los asesinos de las dictaduras latinoamericanas, todo el tiempo. No sé, si se parece al terrorismo del Napalm sobre el Vietnam, pero los que sufren son los mismos.

O el terrorismo de bombas sobre la gente de Bagdad y Afganistán, el que se aplica contra los colombianos en las fumigaciones.

El terrorismo contra el pueblo palestino, contra todos los pueblos.

El terrorismo de la deuda y el militarismo

El terrorismo de las multinacionales, las farmacéuticas, el terrorismo del FMI y sus condicionamientos.

El terrorismo del mismo día, sobre la Moneda o sobre el World Trade Center. Misma furia, mismos intereses, mismos ganadores. ¡Mismas víctimas!

No sé si es el mismo terrorismo del hambre, de las enfermedades prevenibles. Si es el mismo terrorismo del consumo, de las políticas neoliberales y capitalistas, contra nuestros pueblos.

El de la exploración, el del robo de nuestros recursos y el del coloniaje.

No se si es el mismo terrorismo de Las Islas y los Metros, el terrorismo del ITBIS, del ALCA y del DR-CAFTA.

El mismo terrorismo del silencio ante la opresión, ante la injusticia, ante la muerte sin sentido.

¡El terrorismo de nuestro silencio de cada día!

¡El terrorismo de nuestra indiferencia de cada día!.

Ante la muerte, ante el dolor, ante las injusticias contra nuestros hermanos.

No sé que sea, sólo sé que son siempre los mismos los que sufren. Los de siempre.

Mientras ellos, los culpables, siempre siguen con sus cumbres, con sus declaraciones apócrifas y sus poses de profetas pervertidos.

Siempre siguen incolumnes, sin dolores, en sus lindos aviones, y sus tasas de porcelanas. Posando para las fotos con las lágrimas que nunca se han vertido, con las caricias que no pueden ofrecer.

Y con la culpa entre los dientes, con la sangre de las ordenes en las manos. Con las bolsas repletas del sudor de todos nuestros pueblos, y con las mentiras.

¡Incólumes!

Como si no pertenecieran a este mundo sufrió y desgarrado. Como si sus hijos no murieran. Como si el aire contaminado de sus fábricas sólo enfermara de cáncer a los hijos del submundo. Como si las bombas no explotan para todos. Como si el ser humano no pudiera despertar.

Ellos tienen todas las armas del mundo, ellos tienen los garrotes, los ejércitos. Los aviones y los Tomahawk, y los proyectiles, los submarinos y los Medios.

Nosotros los más, no tenemos nada.

No, no tenemos nada punzante, ni que dispare, ni que hiera.

¡Pero tenemos el amor! ¡Es lo único que queda después de las bombas de los fuertes! ¡Pero nos queda!

¡Rescatemos el amor!

¡Rescatemos el amor por el prójimo, por nuestro ambiente, por la vida!

¡Rescatemos el amor y seguro venceremos!

¡Rescatémoslo!