Constitucionalidad “con tinta de pueblo”

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PEDRO BLANDINO
Hay más de una razón que nos permite esperar del actual titular del Poder Ejecutivo que todas y cada una de sus actuaciones estén enmarcadas dentro del molde de la legalidad democrática.

A saber: se trata de un discípulo del Profesor Juan Bosch, quien subordinó todos sus planteamientos y actuaciones al imperio de la legalidad constitucional.

Se trata de un mandatario con un poder inquebrantable en todo lo tocante al espíritu de la legalidad.

El Presidente actual sabe que la Constitución es un producto auténtico de la voluntad popular y que por vía de consecuencia el respecto a la Constitución es un acto sacramental que se rinde a los fundamentos de la democracia viva.

Dicho con economía de palabras: los textos constitucionales están escritos con sangre de pueblo y, por tanto, corresponde al gobernante como a la nación en pleno defender esos estatutos.

Y esto es bueno tenerlo en cuenta, porque siendo los legisladores los representantes de la voluntad popular, son los únicos llamados a producir modificaciones en los textos constitucionales.

Sólo el pueblo es dueño de su destino, y por ende, tiene la facultad de usar a sus representantes en el Poder Legislativo para producir cambios en los moldes de la legalidad democrática.

El solo hecho de que se haya barajado a República Dominicana como solución al impasse presentado entre Guatemala y Venezuela, en al candidatura a un puesto rotativo en el Conejo de Seguridad de la ONU, habla de una posición sumamente sensible de la dominicanidad. De ahora en adelante todo es ganancia para nuestro país.

A nadie debe sorprender que en el corto plazo este “altivo hogar caribeño”, humilde pero cargado de predestinaciones, desempeñe un papel protagónico en el concierto de naciones en el ámbito internacional.

El presidente Leonel Fernández estará dando lecciones de serena inteligencia y sobre todo de un fino sentido de la oportunidad.