Construyendo una Institucionalidad para el Desarrollo

Creo firmemente que el comercio debe ser la vía para que los países como el nuestro puedan encontrar motivos para su desarrollo integral y sostenido.

Sólo a través del apoyo a los grandes y ricos mercados, los países pequeños pueden apalancar sus fortalezas y diseñar las estrategias comerciales que permitan crear ventajas competitivas que sean valoradas por quienes poseen dinero y estén disponibles a gastarlo, para así poder generar riquezas a través de la generación de dinero fresco en moneda dura.

Sin embargo, podemos llegar a ser tan agresivos comercialmente como queramos e igualarnos a países comercialmente muy exitosos como Singapur, Taiwán, o Chile, abriendo puertas a quienes han abierto sus mercados a partir de tratados y acuerdos comerciales. Incluso, podemos llegar a ser tan competitivos como Irlanda, Finlandia o Corea del Sur, generando la riqueza suficiente que permita alcanzar tasas de crecimiento de un 10% anual, y si no somos capaces de construir una institucionalidad verdaderamente sólida que conjugue al sector público y sobre todo al sector privado, todo pasará y se perderá tal y como nos sucedió recientemente.

La recién aprobada y reconocida escuela de negocios dominicana, BARNA, ha propuesto al país, pero sobre todo a su clase empresarial, participar en la construcción de una institucionalidad para el desarrollo, y en lo personal no he visto más oportuna propuesta que esta.

Al parecer con el apoyo de una institución catalana que se especializa en este tema, BARNA da muestra de que para ser patria no se necesita ser prestigiosa ni poderosa, sino abierta a satisfacer las necesidades desde un punto de vista global para un país mas abierto.

Digo esto, porque hoy cuando la crisis nos ha golpeado a todos sin excepción, nos enfocamos únicamente en las consecuencias del problema, entendiendo que logrando generar la riqueza que hace dos o tres años alcanzamos, evitaremos los inconvenientes que hoy tenemos y eso es absolutamente una equivocación. Llegando en ocasiones a ser tan miopes y ligeros al decir que el factor confianza es la principal causa de los males nacionales.

La República Dominicana, aunque muchos no lo saben, fue el país con más crecimiento económico en los años 90. Fuimos verdaderamente el milagro latinoamerciano, lo cual hábilmente dejó creer Chile para ellos. El crecimiento en índices como el de exportaciones, inversión extranjera, crecimiento de productos y reducción de la pobreza, nos permitieron duplicar la riqueza; sin embargo, nos olvidamos de la base que iba a permitir sostener ese logro económico y sólo bastó un año para volver a perderlo todo.

Hoy, el nivel de ingreso per cápita del dominicano en relación al poder promedio ponderado o tomando como referencia el dólar, es igual al que teníamos al inicio de la década y sin ser ligeros, pero prácticos, cabe pensar que echamos para atrás y trabajamos para estar cansados, por no tener conciencia pública y privada de la necesidad de institucionalizar nuestras empresas, bancos, gobierno, universidades, organizaciones gubernamentales, etc., etc., etc.

BARNA, con su propuesta, se toma el riesgo de quizás no ganar dinero. El momento está en otra cosa; sin embargo, deja en todos nosotros la necesidad de reflexionar sobre el tema de que sin haber aprendido de nuestros errores, de nada vale levantarse si nos volveremos a caer. Pero sobre todo, enseña a nuestras tradicionales entidades educativas y sobre todo a las Universidades, instituciones responsables de la formación de líderes responsables y no solo hacedores de riquezas, la realidad de un mundo cada vez más competitivo, pero a la vez más comprometido con la sostenibilidad y el desarrollo integral del ser humano.