CONSULTORIO DE FAMILIA

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Sicóloga, Terapeuta familiar
Pregunta de la lectora: La Navidad no se celebra como antes.  Ahora se da más  importancia a las celebraciones fuera de la familia. Los jóvenes  quieren  estar en la calle celebrando con los amigos, pero  para estar bebiendo con los amigos. Las hembras quieren irse para una discoteca a bailar. Yo creo más en la celebración familiar. Piensa usted que si los hijos quieren irse para la calle a celebrar debemos dejarlos o es mejor insistir en que se queden con nosotros.

Respuesta de la terapeuta: La celebración de la Navidad es de contenido religioso. Las creencias religiosas han sufrido transformaciones a lo largo de la historia.

Actualmente, estamos viviendo una transformación más, en la cual el espíritu, el sentir, el propósito no se acerca a lo que ocurría 30 años atrás.

Hace tres décadas se invitaba a los hijos a ver las veladas en las iglesias donde se podía disfrutar de la exposición del pesebre con una solemnidad impresionante, disfrutar de la homilía y luego celebrar en familia.

En el pesebre se observaba la sagrada familia.

Tuvieran los hijo/as ganas de ir o no, eran llevados porque formaba parte de la actividad familiar.

En las escuelas se celebraban veladas alusivas a tal ritual. Hoy no ocurre lo mismo. La tradición que pasaba de una generación a otra se fue perdiendo.

Los medios de comunicación han ido proyectando otro sentido de la Navidad basado en más que el nacimiento del niño Jesús, en la repartición de juguetes por Santa Claus, el consumo para comprar lo que tanto necesitas, el excesivo gasto en comprar superfluas.

Las licoreras hacen su mejor gala para invitar al consumo de sus productos. Padres e hijos se someten a la vorágine del consumismo navideño obviando el sentido establecido desde tiempos pasados.

En muchos hogares todavía se mantiene el ritual de celebrar en familia, luego los chicos/as salen a divertirse en la fiesta que les espera fuera, que les resulta más interesante que las que los padres puedan ofrecer.

Le sugiero que este año invite a sus hijos de una forma diferente, cree expectativas sobre la misma.

Reconozca a cada uno de los miembros de la familia, diga, esa noche, una palabra de aliento para cada uno de lo que ha significado para usted estar  con ellos este año.

Amenice el encuentro.