CONSULTORIO DE FAMILIA

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Sicologa, Terapeuta familiar
Pregunta de la lectora:
Sé que he tenido un matrimonio con mucho sufrimiento y amargura. Me quiero divorciar pero me cuesta. A pesar de todos los problemas hay muchas cosas buenas. Tengo recuerdos agradables. Hay momentos en que él se porta muy bien conmigo y mis hijos. ¿Qué usted me aconseja?

Respuesta de la terapeuta: La decisión de divorcio o separación la debe tomar la persona afectada. Cada quien sabe lo que ha sufrido y ha tenido que soportar con la intención de mantener su relación de pareja y por el bienestar de los hijos.

Hay parejas que esperan que los hijos estén grandes para afrontar esta decisión. Piensan que separarse con los hijos pequeños podría ser traumático para ellos.

En el devenir de la relación traumática  de la pareja existen períodos de tensión y períodos de calma. En el período de calma predomina una sensación de serenidad agradable. Pueden aparecer conductas bientratantes, salidas a pasear, cenar, visitar familiares, viajes familiares, regalos, entre  otras.

Estas conductas comienzan a aparecer después de un período de tensión muy fuerte, en el cual la expresión de los conflictos llega a su cima. Entrar a la fase de luna de miel es un respiro para todos. De esta manera se va reforzando el vínculo traumático en la pareja.

Aparece la esperanza y se cree que las cosas van a  cambiar y la relación será mejor. Sin embargo, no es más que parte del ciclo de la relación conflictiva.

En la fase de calma o luna de miel no se discuten los problemas,  no se habla de las consecuencias que están sufriendo por los conflictos no resueltos. Simplemente, se viven la tensión y la calma, quedando estructurada la pauta distancia (conflicto)-cercanía (calma o luna de miel). He ahí la fijación del vínculo traumático.

Le muestro esta complejidad psicológica en la relación para que comprenda que la separación no es fácil de lograr. Esta explicación es una probabilidad. Muchas parejas no logran fácilmente la ruptura, a pesar de desearla o necesitarla.    El  carácter intermitente,  impredecible de cuándo va a aparecer el conflicto es un factor importante para el sostenimiento de la relación.

Conforme pasa el tiempo y este tipo de vínculo queda establecido, se mantiene el deseo de estar juntos. Los malos recuerdos se debilitan y quedan los buenos. Podría usted destacar las bondades parentales, conductas de responsabilidad frente al manejo de la economía familiar, minimizando o justificando los conflictos que le provoca sufrimientos.