CONSULTORIO DE FAMILIA

Soraya Lara de Mármol

Pregunta de la lectora: Estuve en el aeropuerto. Observé una madre con su hijo de aproximadamente 10 años, estaban junto a la nana. Me llamó mucho la atención que el niño se relacionaba mejor con la nana. La abrazaba, le hablaba más que a la madre. Cuando abrazaba a la madre, no lo hacía con el mismo afecto. Ella era más seca e indiferente. ¿Cree que el niño quiera más a la nana que a la madre? Parecía no importarle mucho a la madre que su hijo era más afectivo con la nana.

Respuesta de la terapeuta: Los seres humanos necesitan cercanía y afectos. Estos se crean y se fortalecen por la reciprocidad que se da entre las personas que conviven en el mismo entorno.

Los niños necesitan, por la vulnerabilidad que presentan por su edad, personas que les cuiden, les hagan sentir protegidos y amados. Las personas que están presentes y que responden satisfactoriamente a las necesidades primarias de ellos fortalecen el vínculo afecti

Si las nanas, como personas cuidadoras, son afectivas, predecibles y satisfacen las demandas inmediatas más que las madres, existe mayor probabilidad que se acerquen más a estas que a las madres biológicas.

Las nanas, de igual manera, se encariñan con los niños. Ponen en acción sus habilidades y destrezas marentales. La diada nana cuidadora y niño cuidado desarrolla su propia entidad afectiva. A mayor interacciones afectivas, más se fortalece el vínculo.

En consulta he oído decir a personas adultas que sus madres son sus nanas, porque han sido las que siempre han estado dispuestas para atenderles, complacerles y responderles cuando las han necesitado.

En los momentos de interacción los niños cuentan a sus nanas todo lo que han hecho en el día, se les ríen, celebran sus ocurrencias. Aquellos juegos que las madres o padres no quieren jugar, se les delegan a las nanas. Estas no se pueden negar. Es su trabajo. Lo hacen, se divierten; pero al final de cuentas, se entregan a la experiencia. No dicen que no. Están claras que su trabajo es cuidar.

Mientras más confianza tiene la madre sobre la nana, más delega funciones, afectos y cercanía. La misma madre estimula y valida la cercanía y los afectos entre sus hijos y la nana. De manera que queda legitimada esa relación en la familia.

Las nanas son parte importante de la familia.