Consultorio De Familia

Soraya Lara de Mármol

Pregunta de la lectora:

He escuchado sobre la importancia de enseñar a nuestros hijos a gestionar las emociones para que aprendan a controlar mejor, tanto a estas como a sus comportamientos. ¿Cómo podemos hacerlo?

Respuesta de la terapeuta:

Lo primero a tomar en cuenta son las habilidades que ustedes poseen como padres, las cuales representan el modelo por excelencia a imitar. Los padres son los primeros maestros.
A los hijos se les enseña desde que nacen. Cuando son bebés se les acaricia o habla para calmarlos. Es una intervención de gestionar las emociones en los primeros meses de nacidos.
Los niños aprenden de los comportamientos, destrezas y expresiones afectivas de sus padres. Si los padres no han logrado gestionar apropiadamente sus propias reacciones emocionales, se les dificultará enseñar.
Si los padres se dejan secuestrar por las emociones y pierden la capacidad de autocontrolarse, entonces los niños verán estas respuestas como normales.
Le animo a que se detenga y practique un poco su autogestión emocional. Cuando sabemos lo que tenemos que invertir emocionalmente para lograrlo, podemos comprender mejor a los hijos y darle su tiempo para que ellos también lo consigan. Es un aprendizaje de regulación emocional.
¿De qué estamos hablando? ¿Qué hacer cuando se esté triste, enojado, ansioso, inquieto, irritable? Se trata de evitar que esas emociones le dañen y que los niños entren en conflicto con el entorno.
Las emociones están para guiarnos, no para complicarnos. Aprender de ellas es la clave. Cada emoción dice lo que molesta, inquieta o agrada. Se les enseña la capacidad que tienen para autocontrolarse.
Hay que instruirlos sobre las emociones que sienten y cómo las expresan. También a manejar y controlar las emociones desagradables y cómo abordarlas.
Cada emoción nos da un mensaje, nos indica lo que nos está pasando en ese momento. Es muy valioso preguntarles a los hijos qué sienten mientras reaccionan de determinadas maneras que se identifican como inadecuadas.
Los niños son eminentemente sociales y afectivos, por lo que, a través de las expresiones afectivas, las palabras amables o una mirada cálida regulan y fortalecen las emociones que generan sensaciones agradables y de calma.
Debo destacar que me parece muy buena su actitud de emprender esta tarea de enseñar a sus hijos a autorregular las emociones.
Las emociones son como los músculos: hay que entrenarlas. Requiere de tiempo y acción. Voluntades unidas fortalecen la buena gestión.