Consultorio de Familia

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Pregunta del lector: Soy de los padres que creo que las golpizas y los castigos hay que usarlos para educar correctamente a los hijos. Fui educado de esa manera, soy un hombre correcto y sin problemas. Mi exesposa piensa diferente y eso nos trae problemas. ¿Estas diferencias también podrían creárselos a nuestros hijos?

Respuesta de la terapeuta: Las diferencias entre los padres respecto al estilo de educación y sobre las competencias de crianza, son críticas, dado que todas las tensiones experimentadas son transferidas a los hijos.

Los desacuerdos respecto a estos temas crean tensiones que se vuelven insostenibles, en vista de que se puede forzar a la otra persona a asumir un modelo con el que no se está de acuerdo.

Ahora bien, es de todos conocidos y se ha demostrado con investigaciones que las denominadas pelas y castigos no cambian las conductas de los hijos porque no se educa. Estas y los golpes duelen físicamente y en muchos casos dejan marcas, moretones o fracturas.

Además, las pelas no son correctoras, porque con ellas no se enseña a los hijos a pensar ni a reflexionar sobre sus conductas y las consecuencias. Por otro lado, los castigos, tiende a ser injustos porque no se compaginan con la conducta que se quiere modificar.

La frecuencia y la intensidad del castigo tienden a ser indiscriminadas. Se elige el castigo aprendido por preferencia, el cual, generalmente, avergüenza, culpabiliza y lesiona la autoestima.

Hay padres que creen que a más vergüenza y dolor físico habrá mayor aprendizaje. Sin embargo, ocurre todo lo contrario los niños sienten ira, aunque la repriman contra los padres, pero la redirigen hacia terceros.

Los niños podrían percibirse inútiles, sentir que no los quieren, que los rechazan y que no son importantes para los padres.

Le invito a reflexionar al respecto. Existen otros modos de disciplina que son muy efectivos, basados en el buen trato, disciplina con amor y límites.

En nuestro país, contamos con instituciones que promueven el buen trato a la infancia.
Contacte alguna institución y conviértase en un padre con nuevas competencias para disciplinar y participar en la crianza de sus hijos sin que la relación se afecte.

Concéntrese en fortalecer el vínculo de amor, el apego seguro y de confianza. Desde ya, abrácese a la máxima de que el buen trato recibido en la infancia será retornado en su etapa de envejecimiento.