CONSULTORIO DE FAMILIA

Pregunta lector: Me gustaría trate los valores en la familia y la sociedad. Los hijos que no conocen los valores no los pueden practicar y aplicar. 

Respuesta de la terapeuta: La familia es una transmisora por excelencia de los valores, a su vez, ésta es influenciada por la cultura, la cual podría establecer cuáles valores se impondrán en determinada época. Nuestros hijos son  influenciados por lo que impera como “moda” en el momento de su pleno desarrollo.

Escuchamos a nuestros hijos decir “eso era en tu tiempo”, “tú estás pasada”, entre otras. La cultura no es estática,  está en continuo movimiento, y está siendo alimentada  por medios de comunicación como internet, publicaciones, televisión local y por cable, cine y radio, los cuales ejercen una influencia en el pensamiento  y comportamiento de las personas que están  expuestas  constantemente.

Ante la presión externa, los padres se encontrarán en un dilema entre imponer a sus hijos sus valores o flexibilizar aceptando los que  vienen del medio. Los chicos tienden a decir: “todos mis amigos así lo hacen”, “los otros papás dejan que sus hijos lo hagan”. Los padres quedan atrapados con los horarios, tipo de actividades,  formas de vestir, preferencias musicales y sexuales.

Algunos padres tienden a experimentar  sentimientos de culpa  cuando sus hijos de repente tienen conductas muy alejadas de lo que ellos les habían transmitido.

En este sentido puede ocurrir que los hijos por su afán de lograr  autonomía y querer tener sus propios principios y valores actúen contrariamente a lo que han recibido como enseñanzas. Quizás, tengan que recorrer un camino tortuoso creyendo que tienen la verdad en sus manos. Sin embargo, chocar de frente y luego retomar la vía aprendida en su familia.

Los jóvenes que ya se creen emancipados de sus padres y aún no han logrado la madurez necesaria para encarar un mundo, posiblemente, opuesto a los valores familiares, reciben y se someten a influencias externas que los pueden llevar a historias de consumos de drogas, excesos de alcohol y sexo, dilapidación del dinero (si trabajan).

No vivimos aislados. Estamos rodeados de influencias que pueden penetrar las paredes de nuestros hogares sin que nos demos cuenta.

Un diálogo abierto permanentemente es buena medida. Si sus hijos se desvían en el camino, no los abandonen tiéndanles la mano y reflexionen con ellos. Amar es una tarea de vida.