CONSULTORIO DE FAMILIA

Sicologa, Terapeuta familiar
Pregunta lector: ¿Puede  usted hablarnos de la  importancia en la  comunicación entre  padres e hijos?

Respuesta de la terapeuta: La comunicación entre padres e hijos se apoya en la palabra y  gestos,  mediante la cual se crean   vínculos existenciales y  afectivos. A quien se le nombre padre-madre se le asigna la tarea maternante y paternante.

La palabra recrea la imagen que tenemos de los padres. Padre-Madre buenos. Se erige mediante los mecanismos de socialización de las tareas asumidas y por las asignadas culturalmente. A través de la palabra nos definimos en nuestras funciones, transmitimos una imagen simbólica de nuestro rol. Pero además, por nuestra palabra definimos al “otro” como nuestro hijo.

El diálogo padres-hijos  quedará establecido a partir de nuestras expectativas como padres y de las que tenemos de nuestros hijos. Nuestra forma de pensar, la construcción que tengamos de lo que es una relación familiar será de vital importancia para la elaboración del diálogo existencial-afectivo con un “nosotros” como un todo.

El lenguaje verbal y  no verbal aporta en la construcción del vínculo porque a través de él damos significado a la relación a partir de lo que decimos o no decimos, de lo que hacemos o no. Mediante éste transmitimos la confirmación o desconfirmación de la relación y la aceptación de los hijos.

Hay que tomar en cuenta el lenguaje no verbal porque  tiende a ser más poderoso que el hablado. A través de éste se expresan los verdaderos sentimientos.

La comunicación con los hijos ha de ser un continuo en el tiempo desde que están en el vientre de la madre. Se ha demostrado que los bebés en la vida intrauterina registran las voces de los padres. Fíjese desde cuándo se inicia la comunicación.

Usar un lenguaje inaceptable, descalificante, hostil, de sabelotodo, de juez, entre otros, cosificará la relación, provocará un distanciamiento entre ambos, pues, es un lenguaje que mutila, denigra, ataca y no da la oportunidad de construir un diálogo.

El diálogo padres-hijos ha de estar amparado en la confirmación de dos seres humanos que se comunican haciendo intercambios afectivos,  validándose  mutuamente. Se posicionan, como padre-madre e hijo. Si la conversación se da con el reconocimiento de la posición de cada uno con respeto, ésta fluirá para la conservación de la relación. De lo contrario será de negación de la relación y no comunicación.