CONSULTORIO DE FAMILIA

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Sicóloga, Terapeuta familiar
Pregunta de la lectora: La mujer que sufre violencia vive muy sola. No quiere hablar con nadie. No se deja ayudar. ¿Piensa usted que vivir en ese aislamiento le desfavorece?

Respuesta de la terapeuta: Si, pienso que sí. Los seres humanos somos entes sociales. Mantenerse aislada afecta las habilidades greguerías.

Estar conviviendo en un hogar donde predominan el miedo, la tensión, la culpa y la vergüenza tiende a hacer sucumbir la mujer en la soledad. Teme que sus familiares se den cuenta que padece violencia. Primero, porque la familia tiende a culpabilizarla, no le cree. Le dice, si ella decide abandonar la relación, que salve su matrimonio o que permanezca por el bien de sus hijos. Esto ocurre con mucha frecuencia porque los demás no conocen la gravedad de lo que está viviendo la mujer. Guarda silencio, sufre, no cuenta su infierno.

Segundo, atrapada en un mar de confusión, no ve la posibilidad de salida. Teme ser atacada y criticada por los demás. Muchas mujeres víctimas son exitosas en su carrera, son buenas empleadas, gozan de buena reputación en la familia. Se les hace casi imposible salir, sucumben ante su propia  vergüenza. Sus puertas esconden dolor.

Estas situaciones, entre otras, hacen que la mujer violentada prefiera aislarse, así nadie descubre lo que está soportando, porque nadie le creería.

El aislamiento se va construyendo poco a poco. Evita entrar en situaciones que les parece pueden traerle problemas. Ya sabe que socializar con amigas/os y familiares generará ataques en su contra.

 El contexto adverso, poco nutridor, que le impide comunicarse abiertamente con sus seres queridos de forma autónoma y espontánea, la hace vulnerable al sufrimiento.  El aislamiento la va embotando emocionalmente. Puede terminar con cierto aplanamiento afectivo. Su expresividad queda cohibida.

La mujer debe saber que tiene el área del cerebro del lenguaje muy desarrollada. La hormona  oxitocina favorece  tener  una relación más cercana, afectiva, solidaria. Ayuda para la convivencia.

Romper el aislamiento, reconectarse a un grupo, sobre todo femenino, puede ayudarla a vencer el estado de fragilidad en que  ha estado sumergida.

Contar su historia en un espacio de comprensión, primer paso trascendente; contar con una red de apoyo que la entienda, no la prejuzgue y, en cambio, la  estimule a seguir su vida creyendo en sí misma, la encauzará hacia un nuevo destino.   

Clave  exitosa: red de apoyo social.