CONSULTORIO DE FAMILIA. Afectos de padres a hijos

Soraya Lara de Mármol

Pregunta de la lectora: Quisiera una orientación con relación al hecho de que mi esposo le da más cariño al niño pequeño que al grande. Sus edades son 6 y 2 años. Me preocupa mucho que el mayor sea apegado a mí. No confía en su padre y la relación entre ellos es distante. ¿Qué puedo hacer? Le he explicado a mi esposo eso de varias maneras, pero no me toma en cuenta.

Respuesta de la terapeuta: Las familias tienden a organizarse espontáneamente, muchas veces sin proponérselo o sin ninguna intención a primera instancia, pero que trae malestar a los demás integrantes.

Algunos padres se relacionan con los hijos de manera especial dadas algunas de estas circunstancias: pueden sentirse más cómodos con el pequeño porque les permite jugar más; presentan menos demandas, la cercanía podría establecerse por el género de preferencia de uno de los padres; si presenta alguna condición especial, como ser más inteligente, parecerse a él o a uno de sus padres, o impedimento físico, entre otras.

En la consulta cuando preguntamos a las personas sobre sus relaciones familiares encontramos que aparecen descripciones similares a la suya. En las familias ocurren procesos que acercan o distancian a un miembro de otro, aunque la justificación no pueda establecerse a simple vista.

Creo que usted ha acertado al comunicarle a su pareja su percepción sobre el cariño expresado abiertamente por uno de sus hijos. Quizás esto no cambie, pero tendrá la tranquilidad de haberlo expresado para que él lo tomara en cuenta.

Otro punto a tomar en cuenta es que la maternidad y paternidad por primeriza genera ciertas inseguridades que pueden incidir en la forma de relacionarse. Además, las madres tienden a volcarse mucho hacia el primer hijo dada la inexperiencia. Pueden ser muy cuidadoras y protectoras dejando al otro padre fuera sin proponérselo. Cuando aparece el segundo hijo, hay más habilidad y delegan más en el otro padre.

¿Qué es importante? Que su hijo se sienta amado, aceptado y reconocido por los padres, por lo menos por uno de los dos. Basta una figura de apoyo, de confianza y seguridad para establecer su afirmación y validación existencial.

Siga usted expresando el amor a ambos hijos, evite establecer un vínculo preferencial con uno. Es importante que no perciban una fragmentación de los vínculos: “Este es de papá y este de mamá”. Los hijos lo perciben hasta la edad adulta.