CONSULTORIO ECOLÓGICO

P. Profesor, ¿será cierto que van desviar el río Yaque del Norte para que no pase por Jarabacoa?

R. Es una idea totalmente descabellada, totalmente improcedente y que fue ampliamente rechazada tiempo atrás.

¿A quién se le ocurre desviar o sacar un río de su cauce normal para que sus aguas corran por otro ajeno al dispuesto por la naturaleza?

Hace más de una década que la antigua Corporación Dominicana de Electricidad concibió la construcción de un proyecto denominado Manabao – Bejucal – Tavera, que implicaba desviar las aguas del río Yaque del Norte, a la altura de la comunidad de Manabao, hacia el río Guanajuma mediante túneles, con miras a aumentar el caudal de este último y así alimentar una mini-central hidroeléctrica.

De esta manera el Yaque perdería todo su encanto y su caudal a su paso por Jarabacoa.

El escándalo que se armó fue tan grande que hasta el Presidente de la República de entonces tuvo que intervenir para devolverle la paz a una de las ciudades más apacible, más hermosa y más próspera que se esconde tras las primeras montañas septentrionales de la Cordillera Central.

Pero eso es historia pasada, una pesadilla que ni siquiera llegó a perturbarle el sueño a este paraíso colgado al pie de las cumbres más elevadas del Caribe, justo a la altura de la confluencia del Yaque del Norte con el Jimenoa.

Por estas razones los taínos, en su idioma prístino, la bautizaron como “Jarabacoa”, que significa “tierra entre ríos”. Entonces, ¿quién podría atentar contra la historia, la cultura y el buen juicio?

Dejar a Jarabacoa sin el Yaque es como dejar a la Bandera dominicana sin escudo o arrancarle el alma a una de las ciudades turísticas dominicanas con mayores encantos y con mayores potencialidades para seguir generando riquezas materiales.

Jarabacoa es toda naturaleza, un monumento a la belleza y un templo a la biodiversidad.

Su esencia taína todavía conserva la gracia de una gruta encantada: es un valle, un manantial, un salto, una flor, un sendero, un mogote, un trino o un ave que delicadamente se posa encima de la rama de un pino en medio de la espesura de sus bosques de galería, los que engalanan las márgenes de sus arterias fluviales.

Jarabacoa, Yaque, Baiguate, Manabao, Jimenoa, Dajao, Guanajuma, Yamí, Camú…, ningún otro espacio geográfico quisqueyano conserva más frescos los elementos que adornaron el paraíso de nuestros aborígenes.