Consultorio Ecológico..

Eleuterio Martínez

P. Profesor, ¿será cierto que los parques nacionales de la Cordillera Central ahora son inmensos pastizales?

R. Pero no es ahora que la ganadería está causando estragos en la Cordillera Central, pues el problema viene desde lejos, porque es un gran negocio que conocemos muy bien quienes vivimos el drama al que están sometidos los parques nacionales José del Carmen Ramírez y Armando Bermúdez.

De hecho, Caimito Ramírez, como se le conocía localmente en San Juan de la Maguana a José del Carmen Ramírez, era un próspero ganadero que en su lucha antitrujillista (década del 40 del siglo XX), se refugiaba en Haití, en compañía de sus compañeros de oficio, cuando sus diferencias con el tirano ponían a peligrar su vida.

Y…, precisamente, fue su liderazgo en el Sur del país que obligó a Trujillo, no solo a respetarle la vida y ofrecerle múltiples cargos en el gobierno, entre ellos una diputación al Congreso Nacional, algo que siempre rechazó, sino a erigir en su honor, en 1958, el parque nacional que hoy honra su nombre.

Medida justa en su momento, porque contrario a lo que se podría pensar, Caimito fue un gran defensor de las aguas cordilleranas que irrigaban las fertilísimas tierras del Valle de San Juan y jamás permitió que la ganadería fuese un elemento perturbador en tal sentido.

Hoy su parque luce totalmente desbastado por los incendios y la ganadería, e igual suerte persigue al Armando Bermúdez, el área protegida contigua, porque no son simples campesinos quienes han convertido la Cordillera Central en un inmenso pastizal, sino personajes que poco les cuesta comprar becerros por unos pesitos para luego engordarlos y venderlos a muy buen precio, quintuplicando su inversión.

Es decir, el problema de estas áreas protegidas no es de simples campesinos que simplemente cuidan el ganado, si no de quienes tienen los recursos (empresarios capitaleños, santiagueros y de otras latitudes) para comprar vacas y becerros al deteste, para soltarlos en las sabanas de la Cordillera Central, que nada les cuesta, salvo unos pesitos a quienes le vigilan y arrean el ganado.

Esta cultura con tolerancia es hija de la irresponsabilidad oficial, porque en lugar del empresario, se victimiza al campesino. Cuando la voluntad oficial está de por medio, el problema desaparece. Del 2007 al 2013 no hubo ganadería ni incendios en el Armando Bermúdez, entonces ¿por qué ha vuelto a resurgir esta problemática?