Consultorio Ecológico

Eleuterio Martínez

P. Profesor, el Jardín Botánico Nacional es el rostro de Quisqueya y un pulmón de la capital dominicana, la cual se asfixia en un mar de autos, asfalto, varilla y cemento, por la ausencia de árboles ¿cuál es la lógica y el poder de la razón que pueden justificar la mutilación de un órgano tan vital de este organismo citadino?

R. Es muy difícil de comprender. Por más vueltas que le doy a la cabeza, no encuentro un punto de gravedad para asentar un pensamiento coherente. Tengo que admitirlo, me falta la inteligencia. No logro entender por qué hay que mutilarle los órganos vitales a una ciudad para hacerla funcional.

El Jardín Botánico Nacional Dr. Rafael M. Moscoso es un retrato o una síntesis de la naturaleza de la isla de La Hispaniola, que en casi dos kilómetros cuadrados, reúne las muestras más valiosas y representativas de la esencia insular de la tierra de nuestros aborígenes, de las riquezas botánicas que nos dejaron por herencia, esparcidas en los 77 mil kilómetros de su universo.

El Jardín Botánico es una escuela con aulas vivientes, un verdadero museo animado con puertas y ventanas que miran hacia el mañana, la esperanza verde y el mejor regalo que le podemos mostrar y hacer tangible a los ojos, al tacto y la imaginación de nuestros hijos, los verdaderos dueños de este espacio que hoy usufructuamos como generación del presente.

Estas joyas florísticas autóctonas que por la mano de Dios y la inteligencia humana están sabiamente ubicadas entre la Sol Poniente y la avenida República de Colombia, lamentablemente no pueden competir jamás con el valor de las chatarras móviles impulsadas con energía fósil y que es preciso renovar e importar todos los años desde el Japón, Corea del Sur o algún lugar de Europa.

Al parecer, lo que realmente importa, no es la salud y el bienestar de los habitantes de una urbe que todavía puede respirar, gracias a seres humanos que en el pasado concibieron e hicieron posible la creación de espacios como el Botánico que, aunque transformados, aún conservan la amenidad y el confort indispensables para una vida saludable; sino la fantasía del desarrollo y su robotización.

En síntesis, el Ministerio de Obras Públicas debe entender que en Santo Domingo hay espacios naturales innegociables, por ser reliquias o bienes indispensables para la supervivencia y uno de ellos, lo es el Jardín Botánico Nacional.