Consultorio Ecológico

Eleuterio Martínez

P. Profesor, ¿por qué tanta preocupación por el agua, si tenemos ríos suficientes para satisfacer la demanda nacional?

R. Creer que República Dominicana tiene agua en abundancia, es un mero espejismo. Yo mismo así lo creía hasta que me tocó conducir los trabajos de la Revista Verdor de la Academia de Ciencias de la República Dominicana, en su edición especial “Cordillera Central; “Madre de las Aguas”. Lo cierto es que hay cosas que se miran, pero no se ven; casi toda el agua que corre por las arterias fluviales del país, están en riesgo – amenazadas.

El verdadero capital de toda nación, empresa o persona, es el conocimiento. Si usted no sabe que no sabe, equivale a un barco varado en medio del mar, que el viento lo mueve conforme esté soplando, pero así, jamás llegará a puerto seguro. Lamentablemente, esa es la situación de República Dominicana, en un tema tan esencial como lo es “el agua dulce”.

Es la Academia de Ciencias quien le dice al país, a quienes tienen el poder de decidir, vale decir, de tomar las decisiones con respecto a los destinos de la nación: “La Cordillera Central, es la Madre de las Aguas”. Allí reside el principal activo de nación y todo el capital indispensable para sustentar su desarrollo. La autoridad que así no lo entienda, estará más perdido que el hijo del hombre aquel que cruzó por primera vez las aguas del Atlántico por aire, para llegar de América a Europa.

La ciencia es el mayor bien intangible, el verdadero capital de vida para todo pueblo o nación. Sin la luz del conocimiento, estaríamos todavía en la Edad de la Piedra.
Si se nos acaba el “Agua”, entraremos triunfantes nuevamente al “Paleolítico”, aunque creamos que la tecnología (que no tenemos), lo resuelve todo.

Todos los días del mundo, el primer mensaje que todo profesor debe transmitirle a sus alumnos en escuelas, universidades y centro de orientación del país, debe ser: “El agua es la vida y viene del cielo, que se llama: La Cordillera Central”.
Esta Revista Verdor Cordillera, debe ser el mejor regalo de Navidad que nuestro Presidente, le haga a sus funcionarios, comenzando por su entorno en el Palacio Nacional.
Si el presupuesto no le alcanza, creo que la Academia de Ciencias estaría solícita en suministrársela, así como lo hace con sus productos, el alimento sustancial invisible del conocimiento, que permanentemente entrega a la sociedad dominicana.