Consultorio Ecológico

Eleuterio Martínez

P. Profesor, comenzó en Madrid -España- la Cumbre Mundial del Clima y el presidente dominicano dijo que de cada 12 tormentas tropicales, 6 tienden a convertirse en huracanes ¿cuál es el mensaje subyacente que encierran sus palabras?

R. Dos cosas altamente preocupantes frente al comportamiento inesperado del cambio climático que tiene a la humanidad en vilo y que hacen temer el futuro que le espera a la República Dominicana: riesgo y vulnerabilidad. El primer caso (riesgo), ya lo reconoce la comunidad internacional, somos una de las tres naciones del mundo más amenazadas por los fenómenos atmosféricos que definen la nueva realidad del clima mundial y el segundo (vulnerabilidad), ilustra la realidad que con mayor rigor enfrenta la población más expuesta a las inundaciones, las sequías y la fuerza inusitada de los huracanes.
Las imágenes de la isla Ábaco de Las Bahamas tras el paso del ciclón Dorian hieren la mirada de cualquier incrédulo y nos invitan a mirarnos en el mismo espejo. Nosotros tenemos frescas en la memoria las inundaciones de la antigua Barquita, de los Tres Brazos y Las Cañitas, por mencionar solo la capital dominicana, pues en el interior las cosas solo alarman porque los periódicos nos traen las noticias de La Mesopotamia de San Juan de la Maguana, La Reforma del Bajo Yuna o de la misma ciudad de Puerto Plata que lucía ser la más segura en función de su topografía.
Lo cierto es que nuestras autoridades, comenzando por el presidente de la República, están haciendo conciencia de la realidad que nos asiste y que la misma ya salió de la mente de los ambientalistas para ser del dominio popular. Ahora se impone adoptar las medidas más prudentes y aconsejables que surgen desde el mismo seno de las Naciones Unidas y que también se resumen en dos palabras: adaptación y mitigación.
Adaptación porque ya sabemos que nadie puede cambiar el comportamiento errático del clima, ni librarnos de las consecuencias sin comenzar a atacar las causas que lo impulsan: la contaminación ambiental que no se detiene contra la atmósfera y los mares, la deforestación indetenible en la Amazonía y pulmones verdes del planeta y la indiferencia ante la indefensión de la naturaleza que caracteriza nuestras inconductas.
Mitigación es y tiene que ser la bandera que, como isla y como nación, tenemos que levantar y sostener con las acciones más atendibles e inteligentes que se resumen en una sola palabra: “prevención”.