Consultorio Ecológico

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P. Profesor, ¿usted está de acuerdo o no con la construcción de presas?

R. Claro que sí y no solo presas, sistemas de riego, acueductos, sistemas de saneamiento y todo lo que signifique mayor cantidad y calidad de agua, sin embargo, creo que estamos abrazándonos a las ramas en lugar del tronco del árbol.

Mi planteamiento básico reside en que la política nacional de agua y la plataforma legal que debe servirle de base y eje para su relanzamiento a nivel nacional, tiene que tener una visión de futuro, garantizar este precioso líquido a largo plazo, que esta tierra de Dios, no es solamente nuestra, si no y ante todo, de nuestros hijos, de los dominicanos que todavía no han nacido y que cuando lleguen, cuán satisfechos estarán de sus padres, al ver que la presente generación, tuvo el acierto de cuidarles el río Yuna en sus nacientes por los Montes Banilejos, El Pichón y Colorado.

Que tuvimos el acierto de cuidarles las nacientes del Yaque del Sur, por las lomas Los Corralitos, la Ciénega de los Bermúdez, Los Fríos, La Florida, El Tetero, Macutico y El Aparejo entre otros puntos y zonas productoras de agua, porque no hay una presa más grande, más eficiente, más segura a la hora de abastecer de agua a la Presa de Sabana Yegua y el Canal Ysura para el desarrollo de la Plena de Azua, la cual ha convertido en un Vergel lo que ayer era un verdadero desierto.

Y lo mismo pasa con la Presa de Sabaneta, ubicada a 700 metros de altura, capaz de irrigar por gravedad todo el Valle de San Juan, todo el Valle del Macacías y también enviar agua por gravedad a Puerto Príncipe si fuese preciso.

Esta tierra de Dios, está bendecida, pero si no tomamos en cuenta que la mejor presa, es el bosque intacto, la inmensa alfombra verde tendida en el lomo de las montañas que atrapan la humedad que se mueve por el aire, donde la copa de los árboles ordeñan las nubes y lentamente, casi en secreto, escurren el agua condensada por la corteza, el tronco y las raíces, para recargar y volver a recargar la napa freática, los lagos subterráneos que al rebosarse, se convierten en manantiales, en fuentes acuíferas con miles y miles de hilitos de agua para formar el río San Juan y todos sus afluentes.
¡Cuidemos el agua, salvemos el bosque…!